LAS SEMILLAS DEL CORAZÓN
Parte I: El Oasis en el Páramo La señora Dorotea, doña Tea como la llamaban sus vecinos, vivía en una ruinosa cabaña a las afueras del pueblo fronterizo mal nombrado Pejiguera, al norte, en una de las zonas más áridas y sedientas del país. Su difunto esposo, esforzado labrador y curandero de afición, la había dejado hacía unos años con el corazón colmado y un precario sustento. Cuentan que al poco tiempo del deceso, doña Tea obró su primer prodigio: cultivar en aquel páramo desierto el más primoroso de los jardines. Sus vecinos, admirados con tal variedad de flores, con la embriagadora fragancia que impregnaba el aire, con el colorido y la belleza de aquellas delicadas plantas, comentaban que solo unas manos milagrosas podían haberlas hecho florecer. El boca a boca extendió con rapidez la noticia de aquella maravilla, y pronto comenzaron a llegar gentes de todo el país a la pequeña aldea, ávidas de admirar aquel oasis y conocer a tan sublime jardinera. Y ocurrió que una noche, cuando t...








