jueves, 1 de diciembre de 2016

Relatos jueveros: Erase una vez


Participación en los relatos jueveros. Conduce en esta ocasión Inma Blanco que, desde su blog "Molí del Canyer", nos propone escribir sobre cuentos infantiles pero con una trama diferente o un final distinto. 
Es un relato reeditado y no sé si se adapta a lo solicitado expresamente por Inma. Juzgarlo vosotr@s.
Hoy si me pase un montón de las 350 palabras. ¡Mil perdones!
¡Espero que os guste!



L O S   T R E S   R E G A L O S

Hacía tres noches que la estrella había aparecido en el cielo, hacia el naciente, y todos los eruditos del rey rebuscaban, perplejos, entre los papiros antiguos de la gran biblioteca el significado de aquella refulgente presencia.


Para Melchor, el gran sabio y primer consejero real, no era ningún misterio, no necesitaba ningún manuscrito antiguo que le revelara su significado, la conocía bien, llevaba cincuenta años esperándola, cincuenta años desde que la había visto por primera vez.


Abrió el cofre una vez más y contempló el regalo que le hizo el ángel, el tesoro que lo había convertido en el hombre que era ahora, que lo había arrancado de la miseria y del hambre y probablemente, de una muerte temprana.

viernes, 25 de noviembre de 2016

PLINIA (III): Un giro inesperado

Participación en los relatos jueveros. Conduce en esta ocasión Pepe que, desde su blog "Desgranando momentos", nos propone escribir sobre "un giro inesperado".

Intentando dar continuación a un relato nacido en estas convocatorias, he escrito lo que sigue. Me pasé de las 350 palabras recomendadas, disculpadme por ello. ¡Espero que os guste!

Anteriormente:

Aún llueve. 

Sin embargo, el regalo concedido por Plinia no empapa la tierra de aquel mundo sediento. Mientras Prometeo continuaba con su relato sobre la extinción de la raza humana, cada gota está siendo adsorbida dentro de la máquina construida por el androide y canalizada hacia las inmensas cisternas subterráneas. —"El agua no servirá de nada si cae en una tierra estéril, en un planeta sin atmósfera"—, se había dicho a sí mismo hacía ya mil años, cuando empezó a planificar la llegada de la diosa.
   
Pero antes... llegó aquello.

— (...) y se volvieron locos. El odio arrasó con los corazones más bondadosos, el miedo paralizó a las mente preclaras, el discurso sereno y cabal se transformó en una vomitiva de calumnias, mentiras, acusaciones, amenazas y por último, en sentencias de muerte.— De haber podido, Prometeo estaría llorando.
Con cuidado emerge, espera, acecha.

—Todas las llaves fueron giradas, todos los botones rojos... ¡pulsados! El calor fue tan intenso que los mares comenzaron a hervir, la atmósfera se incendió y la tierra se fundió en un magma incandescente. Nada pudo sobrevivir, nada —su voz era un gemido.— De haber estado en la superficie, yo también estaría muerto. Por suerte, o por desgracia, yo nací en el espacio, en una plataforma científica geoestacionaria.

Avanza, crece, la trampa se cierra.

De repente, Prometeo se detiene. Algo parecido a un cortocircuito o una chispa rompe un cerrojo en su memoria. Mira a Plinia en una súplica de perdón. Ella ha leído su mente y comprende incluso antes que el androide. El terror la paraliza.
Ataca, feroz.

—¡Os quiere devorar a las dos! —acierta a decir antes de que un VACÍO, más negro que la noche que los rodea, aplaste sus cuerpos contra el vórtice del retro-proyector.

Plinia resiste. Desecha su envoltura material y se transforma en luz. Intenta escapar elevándose hacia el cielo pero el manto negro es impenetrable. Un nuevo golpe, este aún más fuerte que el anterior. Prometeo es demasiado frágil, su metal se aplasta y deforma, se rompe. La diosa hace un esfuerzo, envuelve la cabeza del androide en un desesperado intento de proteger su memoria, su ser.


Aplasta, golpea, tortura. ELLO necesita saber dónde está su hermana.

—¡Nunca! —Grita Plinia —¡Nunca la tendrás!

—¡Huye! —Prometeo vive —¡Huye hacia adentro! —Le dice.

Habla sin voz, pero Plinia comprende.


ELLO también escucha la mente del androide.
ELLO también entiende su intención.
ELLO trata de impedirlo pero, por una fracción de segundo, llega tarde.

Todo ocurre en un instante. El vórtice del retro-proyector se activa pero, en esta ocasión no trasmite imágenes. Plinia brilla intensamente utilizando toda la energía que le queda. Un pasaje se abre, inestable, a sus pies. —"En estas condiciones, el salto será brutal" —piensa Prometeo— "Pero no hay otra salida" —le responde la diosa.

La materia no puede pasar por la brecha de gravedad cuántica, Prometeo lo sabe, Plinia lo sabe. El androide hace ademán de despedirse pero la diosa no le deja. Descarga instantáneamente la ingente memoria artificial de la máquina y la incorpora a su ser. 

Salta y el retro-proyector explota cerrando el portal tras ella.

ibso

Más relatos jueveros en la casa de Pepe.  





viernes, 30 de septiembre de 2016

Las palabras olvidadas

Anoche mi hija, de 8 años, me llamó cuando estaba terminando su baño para hacerme una pregunta que "¡se le acababa de ocurrir!"

—¡Oye, papi! Si a una persona que se le ha olvidado alguna palabra, otra la intenta ayudar diciéndole palabras diferentes, ¿cómo sabe la primera persona que ninguna de las palabras es correcta si se le había olvidado "su palabra"?

¡Me dejó en "treinta y tres"!

—Supongo —dije para salir del paso—, que el cerebro relaciona las palabras con imágenes o con otras palabras. Quizás recuerde vagamente cómo sonaba o por la sílaba que empezaba o terminaba... ¿No se?

No creo que se quedara muy convencida con mi respuesta.
Ibso
Os dejo un video



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