jueves, 17 de agosto de 2017

Este jueves un relato: cansancio mental




—Doctor, tenemos otro paciente con los mismos síntomas: desorientación, estrés, pérdida de apetito, insomnio, agotamiento físico.

—No hay duda, tiene agotamiento mental crónico. ¿Aún puede razonar?

—A duras penas, doctor. Demasiada información para un cerebro poco entrenado.

—Comprendo. Veamos a este insensato.

Enfermero y doctor entraron en la habitación del paciente.

—Sr. Presidente... ¡lamento verlo de nuevo entre nosotros!

—¡Ya! ¡Ese traballo deixoume escarallado! (*)

—No se preocupe, para septiembre le dejaremos como nuevo. Y no estará solo, aquí al ladito está el resto de sus ministros.

Participación en los relatos jueveros. Convoca y organiza en esta ocasión Pepe desde su blog Desgranando momentos, donde podeis leer al resto de los participantes.

(*) ESCARALLADO: Es estar roto o dislocado, es sinónimo de DESCOJONADO. 
“Ese traballo deixoume escarallado” (“Ese trabajo me dejó descojonado”)
Fuente: Cultura educativa
 

viernes, 11 de agosto de 2017

Convocatoria juevera: reloj que marcas las horas

La flecha del tiempo
He atravesado el espejo mágico dejando atrás la realidad conocida. En esta otra realidad cuántica, donde el tiempo no existe, se mezcla las posibilidades de todo lo que fue, es y será.

—Solo espero tener la suficiente claridad para escoger— se dijo.

Despertó y toda su vida continuó invariante siguiendo la fecha del tiempo, esperando que el futuro ideal que había elegido alcanzara su presente... Nadie le dijo que al otro lado del espejo no se puede dudar.

Participación en la convocatoria juevera del día 10. Convoca y organiza en esta ocasión Charo desde su blog ¿Quieres que te cuente?, donde podeis leer al resto de los participantes.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Cuando desaparecen los trinos

http://hubblesite.org/
Very Large Array (radio) Image of the Crab Nebula
http://hubblesite.org/
Hace un tiempo, cuando los niños aun soñábamos sin hambre, se podía escuchar el canto de los gorriones desde la ventana de mi habitación. Los árboles eran pequeños oasis, bastaba cruzar la calle para sentarse bajo la refrescante sombra y quedarse embelesado con el trino de los pajaritos que revoloteaban alegres entre sus ramas.  

En la colina cercana existía un antiguo bosque donde muchas noches, cuando el calor del verano era sofocante, subían las familias del pueblo a pasar la velada hablando, riendo y compartiendo juntos la vida. Recuerdo como jugaba con mis amigos encaramados a un centenario castaño, imaginando que éramos piratas y las ramas de aquel hermoso árbol los mástiles de nuestro veloz galeón. 

Ahora los árboles están en silencio. Los pájaros huyeron asustados, ¡dichosos ellos que tienen alas!

Algunas veces el infortunio avisa de su llegada. Yo lo supe cuando descubrí el miedo en los ojos de mi padre, supe que pronto vería alzarse frente a mí a los monstruos que los mayores se esforzaban en ocultar, los monstruos que —como decía el imán— todos llevamos dentro.

Muchos de los vecinos hicieron planes para huir, nosotros también. Pertrechamos el viejo Uaz ruso con lo imprescindible y emprendimos el peligroso viaje hacia la frontera. Pero no pudimos escapar; al sur y oeste los puentes del rio habían sido destruidos por los dragones de acero, el invierno temprano había cerrado los pasos de las montañas del norte y por el este comenzaba a escucharse los amenazantes murmullos de la desolación.

Al miedo siguió el terror, al terror la ira, a la ira la impotencia. Ahora solo existe el hambre, un hambre atroz que jamás me abandona, que me despierta cuando duermo y que ha sepultado incluso el sufrimiento que envejece mi alma. 

Hace una estación yo era el hijo menor, era un niño, tenía familia.

Es primavera y los árboles comienzan a despertar de este cruento invierno. Los pocos que quedamos somos ahora sombras de lo que éramos, siluetas recortadas escondiéndonos de las balas asesinas de los francotiradores, hambrientos esqueletos que comemos los brotes verdes de las hojas si aún seguimos vivos al caer la noche. 

Anoche emprendí la huída hacia el norte. No aguardaré por más tiempo la ayuda divina o humana ¡No queda esperanza entre las ruinas del averno! Conmigo viaja toda mi familia, en mi corazón, infundiéndome con su amor, valor y fuerzas. 




miércoles, 31 de mayo de 2017

Relatos jueveros: Terrorismo patrio



Después de casi seis meses sin publicar nada en este blog, vuelvo para participar en los relatos jueveros que, en esta ocasión conduce el amigo Juliano desde su casa: “julianoelapostata56”. Espero que os sea ameno.





—Sangre y odio, señor Castroviejo, de eso se alimenta nuestra lucha. Al enemigo de la patria no se le concede el honor de la rendición, no reconocemos su condición de iguales, de combatientes. Solo merecen nuestro desprecio, como ratas que son. Su absolución: la muerte.

Nuestra lucha… ¡menudo estúpido! —pensó Castroviejo— A la empresa lo único que le importa de su guerra es el beneficio de las armas con las que se matan. A más guerras más beneficios.

—Como verá su excelencia, la remesa de este mes cumple con lo especificado al pié de la letra, y la calidad de nuestro producto es comparable a los mejores fabricantes, aunque a un precio sin rival.

Castroviejo era un mayorista que trabajaba en exclusiva con los productos de la fábrica nacional, vendiendo la mercancía a los países y organizaciones terroristas que, en teoría estaban prohibido por la ONU. Él se llevaba un pingüe beneficio y la empresa no quedaba relacionada directamente con las armas; aunque el control sobre el asunto no parecía importar a nadie.

—Dos millones… los americanos me las dejan en uno y medio.

El momento del regateo. Castroviejo, aunque joven, estaba suficientemente curtido en aquellas lides y tenía la contraoferta preparada.

—Con todos mis respetos su excelencia, la mercancía de los yanquis es chatarra comparado con lo que le ofrezco. Nos conocemos y sabe que le podemos garantizar el material a prueba de fallos por cinco años en las condiciones más duras. Además, por ser su quinta adquisición en este año, le añadiré cinco morteros anti-blindados en el lote.

—Que sean diez.

—Trato hecho.

El apretón de manos sella el pacto, como caballeros que son. 

Permítame el lector de este cuento imaginado añadir un comentario sin pretención. La sinrazón de su excelencia contiene un ápice de razón: la bestia se sigue alimentando de sangre y odio, para complacencia del dios dinero y desdicha de los mortales. 

Ruinas de Guernica después del bombardeo.
Fotografía tomada de internet. Desconozco su autoría


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