El aura de la memoria

Continúo el relato anterior adaptándolo a la temática de este jueves que nos propone Luferura desde di blog La Veleta. En esta ocasión se trata de evocar ese objeto que nos traslade al pasado, con buenos o malos recuerdos, y nos permita imaginar un futuro con sus esperanzas o temores y que titula "la máquina del tiempo".

Espero que os guste.



El aura de la memoria

Emergió de la criogenización con el frío del espacio aún calado en los huesos. Al incorporarse en la cabina, la viajera buscó instintivamente con los dedos el colgante de metal que descansaba sobre su pecho: una reliquia que guardaba la memoria de su estirpe.

La nave acababa de entrar en el sistema planetario de una estrella gigante roja. Quedaba muy poco para finalizar su largo viaje y alcanzar, al fin, su destino: la nueva Tierra. Mientras la luz carmesí del nuevo sol bañaba el casco exterior, su mente se sumergió en el recuerdo de la antigua leyenda familiar.

Recordó las historias sobre el origen de la joya, cuando aquel lejano antepasado no era una criatura de la noche, sino un padre lleno de luz, amado con devoción por su esposa y su pequeña hija.

Aquella paz se quebró el día en que la peste lo transformó en un ser sediento.

La leyenda contaba que el hombre intentó matar a los suyos, pero la esfera que su esposa llevaba al cuello ardió con una luz salvaje que repelió al monstruo, permitiendo a la familia huir y perpetuar la estirpe.

Su madre siempre le repetía la misma advertencia:

—Ese brillo es la única señal que anuncia que la Bestia está cerca.

Aquel joya era un puente hacia el pasado, una memoria viva que la acompañaba para afrontar la soledad de un futuro desconocido.

Un aura tibia comenzó a pulsar contra su piel.

La viajera contuvo la respiración.

Era aquel brillo.

El mismo que su madre le había descrito tantas veces.

El pulso luminoso apuntaba al suelo, en dirección a la bodega de la nave.

Entonces comprendió la aterradora verdad.

La Bestia no había muerto.

No había quedado atrás, en la antigua Tierra, convertida en una simple leyenda.

Había viajado con ellos.

Durante siglos, había permanecido dormida en las entrañas de la nave, esperando la energía de un nuevo sol.

La esfera volvió a palpitar.

Una vez.

Dos.

Y desde la bodega llegó un sonido sordo, parecido a un gruñido.

La viajera apretó el colgante entre sus dedos.

Por primera vez creyó que la leyenda era cierta. 

Supo que en su mano sostenía la  certeza de un pasado tenebroso.

Y ese pasado había regresado.

Ibso.

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