domingo, 24 de julio de 2016

Va de RETO

¡Buenas noches!

Perdonenme la pequeña broma del título, solo es un "simplón" juego de palabras para introducir mi primer atrevimiento en este blog: ¡quiero proponerles un reto! Pero... reto literario, que nadie se me asuste.

Los que me han leído alguna vez conocerán mi afición de "novato aprendiz de escritor" y sé que a muchos de ustedes también les apasiona esto de crear con la magia de las palabras. Así que, con el corazón en un puño por no saber cómo va a salir este experimento, les cuento mi proposición:

Se trata de continuar un relato iniciado pero, eso sí, con ciertas condiciones. El relato se titula "LAS SEMILLAS DEL CORAZÓN". Tal vez alguno lo recuerde y para los que no, lo reedito y luego les cuento el resto. 


 

Las semillas del corazón


La señora Dorotea —doña Tea como la llamaban sus vecinos— vivía en una ruinosa cabaña a las afueras del pueblo fronterizo mal nombrado Pejiguera, al norte, en una de las zonas más áridas y sedientas del país. Su difunto esposo, esforzado labrador y curandero de afición, la había dejado hacía unos años con el corazón colmado y un precario sustento.

Cuentan que al poco tiempo del deceso, doña Tea obró su primer prodigio: cultivar en aquel páramo desierto el más primoroso de los jardines.

Sus vecinos, admirados con tal variedad de flores, con la embriagadora fragancia que impregnaba el aire, con el colorido y la belleza de aquellas delicadas plantas, comentaban que solo unas manos milagrosas podían haberlas hecho florecer.

El boca a boca extendió con rapidez la noticia de aquella maravilla, y pronto comenzaron a llegar gentes de todo el país a la pequeña aldea, ávidas de admirar aquel oasis y conocer a tan sublime jardinera.

Y ocurrió que una noche, cuando todos dormían, un forastero sombrío y gris, de riguroso luto, llegó hasta el jardín de doña Tea, se sentó en medio de las flores y comenzó a llorar con el quejido profundo y desgarrador que solo un corazón vacío puede provocar.

Aquel lamento despertó el ligero sueño de doña Tea y, con lágrimas en los ojos, permaneció la anciana en vela el resto de la noche. Al despuntar el alba, compadecida de aquel sufrimiento que le era tan familiar, tomó su única posesión de valor y fue al encuentro del extraño.

—Mi marido, ¡que Dios lo tenga en su gloria! —le dijo arrodillada ante él—, era un hombre bueno y, aunque nunca tuvo estudios, poseía la rara sabiduría del que ama la tierra que lo sustenta y aprecia el tesoro de la gratitud sincera y sin más recompensa. Él me enseñó cómo dar vida incluso a la tierra más ingrata, con dedicación y esfuerzo, con sacrificio y humildad, hasta lograr un vergel como el que tiene ante usted. Él me mostró el valor inmenso de unos ojos agradecidos cuando, con cariño y sensibilidad, con maestría y empatía, curaba una torcedura, un destuerzo, una picadura de víbora o sanaba un mal de ojos, sin cobrar jamás moneda alguna. Conozco su dolor porque fue el mío cuando él murió. Por eso —doña Tea tomó las manos de aquel hombre—, permítame usted que le haga un regalo que le salvará la vida —y depositó tres semillas en ellas—: ¡son mi mayor tesoro, la única herencia que me dejó mi esposo!



Sus ojos, aquellos ojos de niña traviesa que me enamoraron en mi juventud, se fueron apagando entre lágrimas y dolor.

Éramos viejos, demasiado viejos para estar vivos, demasiado viejos para sufrir tanto.

¿Cuántos meses han pasado ya? No lo recuerdo, no quiero recordarlo. Todo lo que tenía: trabajo, casa, familia, se fue, no queda nada, tan solo esta fotografía que evita que olvide su cara y, que sin embargo, clava un puñal en mi pecho cada vez que la miro.

Sus ojos estaban tristes y secos, su mirada perdida, su rostro había envejecido de repente y su pelo, aquella hermosa cabellera azabache de antaño, se torno gris en un parpadeo de la memoria.

Yo la besaba, sacaba fuerzas para continuar porque ella me necesitaba. Pero se apagaba sin poder evitarlo, su vida se apagaba como la llama en el pabilo de una vela sin cera.

¡Nadie debería sufrir tanto! ¿Por qué, Dios misericordioso…? ¿Por qué sufrimos tanto?

La guerra se llevó a mis hijos, se llevó a mis nietos, mis nueras y yernos, y cuando ella murió de pena… también se llevo mi vida.

Yo no estoy vivo, no me siento vivo y, sin embargo, estoy aquí, en otro país, en este jardín de flores donde por primera vez, desde que ella se fue, me he permitido llorar. Y he llorado, he anegado mi alma con las lágrimas durante toda la noche, aferrado a este último recuerdo. Y me he dicho que este sería un buen lugar para ser enterrado.

Pero al alba, de una ruinosa chabola, ha surgido una mujer casi tan anciana como yo y, arrodillándose ante mí, ha enjugado mis lágrimas intentado consolarme. Y ha cogido mis manos, y ha depositado tres semillas en ellas diciéndome: “permítame usted que le haga un regalo que le salvará la vida”. 
ibso

Bueno, hasta aquí llegué. ¿Os gustó? ¿Quieren saber más? Pues les toca a ustedes continuarla, si quieren aceptar el reto y les parece divertido.

Como han comprobado son dos fragmentos que se complementan y que tiene una peculiaridad que no es baladí: ambos terminan en el mismo momento, en el mismo acto, en el mismo espacio y tiempo. ¡Esta es la única condición!. Pueden proponer un nudo más amplio, insertar más personajes, incluso un desenlace de la historia, pero no pueden ir más allá de este momento, el momento en que la anciana Dorotea entrega las semillas al extraño. Por lo tanto, lo que contéis será anterior a este momento pero íntimamente relacionado con él. Cada historia "paralela" irá dando un sentido más profundo a ese acto de generosidad, explicará que son esas semillas, ¿para que sirven?, ¿de donde proceden?, ¿por qué son el mayor tesoro de doña Tea?, ¿por qué le salvaran la vida al extraño?, ¿quién era el marido de doña Tea y cómo consiguió las semillas?, ¿quien es el extraño?, ¿cómo perdió a toda su familia?, ... y todo lo que podáis imaginar.

Puede resultar complicado pero, como dice el refrán: "Divide y vencerás". Creo que lo más fácil sería escribir fragmentos de la historia que luego podríamos unir para crear el relato completo entre todos y publicarlo en nuestros respectivos blogs.

¿Os gusta el reto?

Por ahora no escriban nada, solamente digan si  quieren participar y que cuestión del relato preferirían desvelar (para no repetirnos).


¿Quién se apunta? Les espero.

¡Gracias!
 ibso

1ª Fotografía: de mi autoría. Podéis disponer de ella libremente.
2ª Fotografía: tomada prestada del blog "FOTOARTE Cristina Faleroni". Autor: Alessandro Bergamini

viernes, 15 de julio de 2016

Declaración de intenciones


¡Buenas noches!

Hace mucho que no escribo en este blog. Me he estado replanteando su función, el esfuerzo que requiere, la constancia y la calidad mínima para que sea medianamente interesante y, sobre todo, que contar, que escribir para que de los frutos que deseo.

Este blog nació con la idea romántica de aportar un granito de arena a una aspiración muy generalizada entre muchos de los que he ido conociendo en este mundo virtual y físico: cambiar el mundo —o sería más apropiado decir ayudar a que se vaya transformando en algo menos incierto, más unificado, más justo y donde nuestra supervivencia sea más probable—. 


Para ello, y de una forma no premeditada ni programada, han surgido dos vertientes diferenciadas pero que se complementan. La primera es una mirada muy personal e emotiva de la realidad más actual, publicada en una serie a la que denominé "los herederos de la tierra". La otra es la narrativa de ficción o ciencia ficción, la cual ha sido una gratísima sorpresa para mí ya que ¡me encanta escribir ficción!. Las dos, como digo, persiguen el mismo fin, necesitándose y alimentándose la una de la otra.

Quiero continuar con este blog pero necesito vuestra ayuda, y me explico. No soy un genio, ni un sabio, ni siquiera me considero muy inteligente, y creo tener la suficiente humildad para reconocer mis limitaciones. Por ello mi visión de la realidad es limitada y con total seguridad influenciada por mi cultura, mi religión, mis ideales políticos y mis esquemas mentales. Persigo romper mis propias limitaciones y tener una visión más amplia y menos condicionada del mundo que me rodea, no solo para comprenderlo mejor sino, y esto es lo más importante, para diseñar una estrategia entre todos para poder transformarlo. 

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