jueves, 2 de mayo de 2013

Un aliado inesperado (2ª parte)


EL VALOR DE LA UNIDAD
 Parte I: HELIOS

4. Un aliado inesperado (2ª parte)



Aquel extraño ser parecía flotar un par de palmos sobre el suelo. Estaba envuelto en una gran capa color malva con capucha que hacía imposible poder ver su rostro. En su mano derecha sujetaba un larga vara con una esfera luminosa en su extremo. No se apreciaba ningún arma a la vista y se había confirmado con el radar de superficie: estaba solo.



—Conecte el audio en frecuencia sináptica —ordenó Targhor al auxiliar de mando—. Quiero que el señor Shukiro escuche a este sujeto. Debe usted obtener respuestas —le dijo clavándome sus fríos ojos grises. Aquello distaba mucho de ser una petición.

—¡Sí, señor! —el auxiliar del puesto de mando obedeció con presteza—. Ya puede usted comunicarse, señor Shukiro.

Pero antes de poder decir nada, una voz sorprendentemente conocida inundó la sala:

—¡Hola, mi querido Shukiro!. A pasado mucho tiempo.

—¿¡Abuela!? ¿Eres tú? —Las lágrimas inundaron los ojos del joven Shukiro—. Creí que habías muerto.

Los informes oficiales indicaban que Sera Tna, comandante en jefe de la flota estelar de los Agir y abuela de Shukiro, había desaparecido en extrañas circunstancias al llegar a aquel planeta. Tras meses de intensa búsqueda, una de las unidades de rescate encontró su nave, destrozada, cerca del círculo polar ártico y, aunque no se halló ningún cadáver, fue declarada muerta en acto de servicio y enterrada con todos los honores.

—¡Hemos de hablar! —le dijo—. Y ya que el estúpido de Targhor no se fía de mí, deberás salir aquí. Tengo algo muy importante que comunicar a la reina,... serás mi mensajero.

—Pero... ¿Por qué?... ¿Cómo?

Shukiro estaba totalmente desconcertado. No comprendía cómo su abuela seguía viva, no entendía por qué no había tenido noticias de ella desde su desaparición, hacía ya cuatro años. Y lo más inaudito, le pedía que se reuniera con ella en el exterior, en la superficie de un planeta arrasado por la radiación y con las condiciones climáticas más extremas que había conocido. Nada podía sobrevivir allí y, sin embargo, a la comandante no parecía afectarle.

—¿Cómo? —volvió a balbucear.

—Tienes que confiar más en tu abuela, muchacho. Acércate a la entrada y sal, yo estaré esperándote al otro lado.

Shukiro seguía dudando sobre que hacer, hasta que se cruzó con la mirada de Targhor. El capitán estaba visiblemente furibundo, sudaba copiosamente y los músculos de todo su cuerpo se había tensado con tal fuerza que amenazaba con estallar en cualquier momento.

—¡Salga! —casi le grito— y tráigame respuestas.

Estaba muy claro que a los presentes en aquella sala su vida no les importaba lo más mínimo. Eran soldados dominados por la irracionalidad de la obediencia ciega, los sujetos más vulnerable a la subyugación de madre (aunque ellos creían servir a la reina).

Shukiro descendió hasta la entrada principal del complejo acompañado de un teniente y dos soldados, todos armados hasta los dientes. El oficial se adelantó al llegar a la primera puerta de la cámara de salida, tecleo el código secreto y la compuerta se abrió.

—Entre —le indico— tiene cinco minutos para colocarse el traje de protección. Recuerde que le protegerá de la radiación durante poco más de tres minutos.

—¡Fuerte imbécil! —pensó Shukiro mientras se revestía a toda prisa—.Y del viento huracanado, ¿qué me protege?.

—No olvide enganchar el mosquetón de la cuerda de seguridad —le indicó señalando el cabo atado y colocado cuidadosamente al lado de la puerta exterior de la cámara. Parecía que el teniente le hubiera leído el pensamiento.

La compuerta exterior estaba a punto de abrirse automáticamente. Shukiro se preparó, buscó un precario refugio en la jamba previendo que el viento huracanado pudiera lanzar escombros a velocidades de proyectiles dentro del recinto, se aferró con ambas manos a la cuerda que sujetaba su cuerpo al suelo y de cuya resistencia dependería su supervivencia en los siguientes minutos. Instintivamente cerró los ojos justo cuando la puerta se abrió y esperó el primer golpe brutal de Eolo...

—¡Nada! —exclamó a la vez que abría los ojos— Todo está en calma.

—Sal de una maldita vez —le incitó la voz de su abuela más allá del umbral— ¡Déjame que te dé un abrazo!.

El inteligente Shukiro no podía creer lo que veían sus ojos. Un sol radiante lo inundaba todo de color, pisaba la hierba que solo había imaginado en las lecturas de sus libros. Una pradera verde se extendía alrededor de la torre, salpicada por florecillas multicolores, flanqueada por un bosque de altos árboles y grandes montañas en el horizonte. El olor de la vida llegó traído por una suave brisa acompañado del murmullo de un riachuelo que no conseguía divisar.

—Pero... ¿de qué te has disfrazado, muchacho? —rió su abuela al verlo de aquella guisa, al tiempo que lo estrujaba cariñosamente contra su pecho—. Sorprendido, ¿verdad?

—¿Qué está pasando abuela? —acertó a preguntar

—M.A.D.R.E. es mucho más poderosa de lo que puedas imaginar, querido Shukiro —respondió Sera Tna escuetamente—. Pero no tengo demasiado tiempo, el riesgo es muy alto. Haz lo que te digo y ya habrá momento para las explicaciones. Vengo a buscar a Jazhina, necesito que tú te centres y si ella muere, temo que te perderíamos a ti también. Confía en mí, yo la pondré a salvo, tenemos un plan para matar a M.A.D.R.E.

—¿Tenemos? ¿Quiénes? ¿Cómo? —Shukiro estaba realmente confuso, quizás por primera vez en su vida, no entendía nada. Se sentía desconcertado.

—No hay tiempo —repitió la comandante—. Toma esto, aquí está todo lo que necesitas —dijo al tiempo que le daba un extraño artilugio—. Recuerda conectar el inhibidor cuando lo abras, no queremos que madre se entere de esto, ¿verdad? —le hizo un guiño al tiempo que se giraba hacia la entrada— ¡Ah, por fin! Aquí está mi invitada.

A Shukiro le flaquearon las piernas al ver que Jazhina traspasaba el umbral de la entrada y corría a abrazarle. Sus labios se fundieron en un profundo y cálido beso. Las lágrimas corrían por el rostro de ambos amantes.

—Estas a salvo —le dijo Shukiro.

—Tengo miedo por ti, tu te quedas —le respondió ella.

—Hemos de irnos —les apresuró Sera Tna—. La ilusión no durará mucho más.

La pareja se abrazó por última vez. Ambos intuían que pasaría bastante tiempo antes de volver a verse.

—Vuelve a tu celda, Shukiro, y no temas nada ­—le animó su abuela— Tus últimas horas y las de Jazhina están siendo borradas de la mente de todos los que han tenido contacto con vosotros. Para ellos y, por consiguiente para madre, no han sucedido.

—Dime solo una cosa, abuela —suplicó Shukiro—. ¿Quién nos está ayudando? 

—El que fue nuestro mayor enemigo, mi niño. Debes creer lo increíble —y tras decir esto golpeo el suelo con el bastón y una luz cegadora envolvió a su amada y a su abuela. Cuando recobró la vista, habían desaparecido.

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 Fotografía tomada prestada del blog "Galería fotográfica Cristina Faleroni".

4 comentarios:

  1. Muy buena historia, aún hay esperanzas para la especie remplazante de la humanidad.

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    1. Muchas grácias, Demiurgo. Eres muy amable.

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  2. Qué gran imaginación tienes y sumado a tu gran deseo de la nueva y mejor vida, logras algo que es impecable y muy esperanzador. Nos haces vivir en tu utopía y creer que esto es lo que sigue y que lo estás profetizando. Los nombres, los detalles, eres un grande en el género que estás creando.
    Un abrazo enorme.

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    1. Gracias, muchas gracias Sara. Esta parte me quedó un poquito flojilla, espero volver a mantener la intriga con las siguientes.
      Un abrazote para tí también.

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