lunes, 14 de mayo de 2012

EL VALOR DE LA UNIDAD

INDICE 

Primer apartado




PARTE I: HELIOS 

-Nos aproximamos al sol mi comandante. Es hora de activar los escudos electromagnéticos.

-De acuerdo piloto, empiece la cuenta atrás a mi señal... ¡Ahora!.

-Cinco, cuatro, tres, dos, uno... activado mi comandante. Todo en orden, seguimos adelante.

El Fénix prosiguió su viaje al centro del sol. Esta era su décima misión, un viaje de un año de ida y vuelta entre la base lunar y la estrella que mantenía la precaria vida en su hogar; aunque nadie de la tripulación de aquella nave vivía sobre la superficie; ese privilegio solo se concedía a la elite más poderosa.

Según el calendario antiguo es el verano del año 5011 y la raza Agir está buscando un nuevo hogar. El núcleo de Zem-met, conocida por los extintos humanos como Tierra, se está enfriando rápidamente y se especula con el tiempo que tardará en parar su rotación si el hierro líquido empieza a solidificarse.


El Fénix es un submarino estelar, capaz de llegar al núcleo del sol y cargar el material más valioso en este momento para su raza: plasma de núcleos pesados. Con él alimentan el calor del centro del planeta y ganan un poco de tiempo. Pero... ¿hasta cuando podrá funcionar esta artimaña?. Nadie lo sabe. Los viajes se están haciendo cada vez más frecuentes...

Zoen había notado el nerviosismo de la comandante, lo que no dejaba de ser un hecho inusual. Llevaba cinco años a las órdenes de aquella oficial y jamás se percató de tal desasosiego en su mirada.

-¡Derive toda la potencia disponible a los deflectores gravitatorios, quiero un descenso suave y controlado! – le ordenó al navegante -. Bajen las protecciones de todas las escotillas y del puente de mando, pasamos a navegación espectral.

Zoen cumplió las órdenes con presteza. Por experiencia sabía que estaban en la fase más delicada de la inmersión solar. La temperatura exterior había subido en las últimas semanas desde los –270 ºC (cerca del cero absoluto) a casi 6.000 ºC de la superficie del Sol. Pero lo más delicado eran los cambios bruscos de presión y magnetismo provocados por las manchas solares; de no ser por los escudos, hace tiempo que el Fénix hubiera quedado destrozado como un avioncito de papel dentro de un huracán.

-¿Está ya despierto Helios? – preguntó la comandante al oficial médico.

-Sí señora, hace una hora que salió del letargo y se esta preparando para ajustarse el traje en cuanto usted de la orden.

-Bien, que lo haga ya y espere en la cámara de expulsión mi señal para el último preparativo. Dígale que bajaré personalmente a desearle buena suerte.

Nadie en la tripulación, a excepción de la comandante, conocía a Helios. Solo sabían que era un civil que se había ofrecido voluntario para probar un nuevo traje espacial (aun experimental) que se suponía era capaz de soportar la brutal presión y temperatura del centro del sol. Subió a bordo justo antes de partir de la estación. Permaneció en aislamiento durante el despegue e inmediatamente después fue sometido a letargo, algo muy extraño para un viaje tan corto. Los pocos que lo habían visto dijeron que su apariencia era extraña y andrógina. Por supuesto su nombre no era real, se le había asignado para esta misión.

De repente la nave fue sacudida violentamente por un fuerte impacto. El ordenador central disparó todas las alarmas y puso en funcionamiento el protocolo de combate.

-¡Zoen! – gritó la comandante -, ¿qué demonios ha sucedido?.

-Estoy comprobándolo, señora – titubeó el navegante a la vez que verificaba frenético los datos de su consola de vuelo -. Sé que parece imposible mi comandante, pero creo que hemos sido alcanzados por una explosión solar.

-¡Presten todos atención! – pidió, esforzándose por trasmitir calma con la entonación de su voz –, quiero un examen de daños de inmediato. Piloto: detenga la inmersión hasta nueva orden.

Helios refunfuñó al saber que la comandante había ordenado que se pusiera el traje, esperaba no tener que hacerlo hasta el último momento. Pero no podía hacer otra cosa más que obedecer, los que pagaban no eran seres a los que se les pudieran dar excusas. Sin embargo no era por dinero por lo que estaba arriesgando la vida en aquella misión. Antes de aceptar, pidió dos condiciones:

-Si tengo que estar un año de mi vida en esa lata de sardina – dijo a aquellos ejecutivos uniformados – quiero pasarlo en letargo, no deseo enterarme de nada. Además necesito una conexión sináptica permanente y sin restricciones a la red de información planetaria.

Aún no se creía que hubieran accedido a sus peticiones, sobre todo a la conexión sináptica, que era tremendamente cara a aquella distancia de su planeta. Pero esto último le permitió, en los ratos más lúcidos de su sustentación vital, entretenerse en su pasatiempo favorito: la búsqueda de archivos fotográficos en la arcaica red de comunicación global, conocida también como Internet.

La pasada noche había encontrado fragmentos de una campanilla dorada. – Es preciosa – pensó mientras rebuscaba más y más para completarla todo lo que fuera posible. Aquel hobby tenía mucho de arqueología digital. – Estas bitácoras llamadas blogs son una maravilla, encuentras verdaderos tesoros en ellos – se dijo observando por última vez la fotografía que estaba sobre su reproductor, una vez colocado aquel extraño traje espacial.





La biblioteca digital


Aquella habitación siempre había sido su lugar preferido de la casa, de hecho, diseñó aquel edificio virtual de estilo Victoriano, exclusivamente para albergar la sala de la biblioteca. Allí pasaba horas y horas absorto en la lectura de aquellos maravillosos libros que le había dejado en herencia su abuela. Los trataba con delicadeza, como si fueran a deshacerse en sus manos con solo pasar las páginas, algo que hubiera resultado del todo imposible; tiempo atrás tuvo la precaución de duplicar los archivos y guardar la copia en un lugar inexpugnable, incluso para “Madre”.



Estaba prohibido leer los textos de los humanos, la pena por hacerlo era la muerte. Pero Shukiro no podía evitar conectarse cada noche a la red de realidad virtual. Dentro de la casa estaba seguro, allí no podía ser observado.



Su celda estaba en el piso 420 de la torre 2587, en la megalópolis del norte, cerca del ecuador. Era uno de los cientos de miles privilegiados que aún podían habitar en la superficie, aunque lo de superficie era un eufemismo: aquellas torres se construían hacia el centro del planeta y entre más profundo, más calor tenía que soportar. El resto, cerca de veinte mil millones de sus congéneres, se hacinaban entre las colonias lunares y el cinturón espacial que orbitaba estacionariamente a 30 kilómetros sobre su cabeza.



Shukiro, que recién estrenaba la madurez, jamás había visto la luz del sol. La lluvia, los árboles, el mar o el viento soplando en su cara, eran cosas que solo podía imaginar sumergido en la lectura de sus tesoros.



Era experto en informática neuronal, nanotecnología y andróitica, por ello, a pesar de no ser rico, “Madre” le permitía vivir allí. Su habitáculo era estándar, de poco más de 10 m², con una cama, una mesa con su silla y un armario, nada de su propiedad; a los “obrantes” no se les permitían poseer nada, ni siquiera la ropa que vestían. Los aseos y el comedor eran comunitarios. La eficiencia en su trabajo le permitían comer medianamente bien, pero si se ponía enfermo o sufría un accidente que le impidiera trabajar, pasaba a un régimen de subsistencia basada en una papilla alimenticia que le producían arcadas con solo olerla.



Vivía solo, no había progresado lo suficiente en sus privilegios sociales para que se le permitiera formar una familia. Esto era lo que más insoportable le resultaba de su día a día, hacía dos años que se relacionaba en secreto con una “obrante” como él, un año más joven y de la que se había enamorado. Jazhina le correspondía, pero por ahora, su amor era imposible.


*Imágenes por orden de aparición: 
BIA_057n.jpg Autor: IAC Banco de imágenes del Instituto Astrofísico de Canarias
Campanilla de servicio de mesa. Autora: María Jesús. Blog de Paradela de Coles
Nebulosa Cabeza de Caballo. Autor: IAC Banco de imágenes del Instituto Astrofísico de Canarias
Biblioteca. Autora: María Jesús. Blog de Paradela de Coles

* El préstamo de este material lo hago sin autorización de su titular (salvo las de María Jesús). No pretendo dañar ningún derecho reconocido a sus autores y si estos consideran que no deben figurar en este blog, ruego me lo notifiquen a fin de retirarlos a la mayor brevedad posible.




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12 comentarios:

  1. Buen relato.


    Quien sabe? Podrìa ser cierto.


    Un abrazo.

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    1. Podrìa, aunque espero que no.
      Un abrazo, amigo Gaucho.

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  2. Ya sabes que todo lo mio puedes usarlo sin problema cómo y dónde quieras.
    Me encantó releer.

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    1. Siempre he pesando que das, incluso sin querer. Es algo afín a personas que conocen el valor de la vida, ese que no tiene nada que ver con las cosas que poseen.
      Un abrazo, mi querida profesora.

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  3. Ibso y pensar que sabemos que todo está relacionado pero seguimos con la inercia del "como si nada". Ay manito, espero tu inspiración solar. Bsss.

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    1. Solo hace falta "sentirlo" una sola vez, aunque sea de forma ínfima.
      Un gran abrazo, mi "manita" digital.

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  4. Me encantan tus cuentos tan llenos de detalles de tu maravillosa creatividad. Y si los vuelvo a leer, les encuentro más detalles que había pasado.
    Un gran abrazo Ibso.

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    1. jejeje, mis cuentos están "llenos" de mucho más que palabras (o eso pretendo). Además, siempre intento que no exista ni la más mínima fisura en la trama. En este caso, donde he imaginado la mayor parte de este proyecto, resulta muy complejo enlazar todos los capítulos. Cuando lo tenga terminado entenderás mejor esto que te estoy contando.
      Un gran abrazo, querida vivicionista.

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  5. Después de unos días de descanso ya he regresado para leeros y compartir mis letras, un placer estar de nuevo en tu rincón.

    Un beso.

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  6. Bienvenida de nuevo. Sabes que estás en tu casa. Me alegra que hayas recuperado las fuerzas.
    Un abrazo

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  7. Este inicio atrapa y dan ganas de seguir el curso de la historia. Me he sonreído con el "guiño" a los blogs, atractivo me parece ahondar allí. Estas bibliotecas que sin lógica alguna, sin concertación alguna vamos creando.
    Me encantó eso de la "navegación espectral".
    Me pregunto ¿se repetirán en esta historia las temáticas de siempre de la humanidad o serán otros los tópicos?
    Un abrazo grande,

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    1. En esta "Tierra", "madre" es lo único que sobrevive de los humanos... y no del todo. Quizás encuentres algún tópico en esta historia, pero aún así, espero sorprenderte gratamente.
      Un abrazo

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