sábado, 24 de diciembre de 2011

LOS TRES REGALOS

Participación en el proyectos de Adictos a la escritura del mes de diciembre. Temática del mes: "Versionando la Navidad"

Hacia tres noches que la estrella había aparecido en el cielo, hacia el naciente, y todos los eruditos del rey rebuscaban, perplejos, entre los papiros antiguos de la gran biblioteca el significado de aquella refulgente presencia.

Para Melchor, el gran sabio y primer consejero real, no era ningún misterio, no necesitaba ningún manuscrito antiguo que le revelara su significado; la conocía bien ya que llevaba cincuenta años esperándola, cincuenta años desde que la había visto por primera vez.

Abrió el cofre una vez más y contempló el regalo que le hizo el ángel, el tesoro que lo había convertido en el hombre que era ahora, que lo había arrancado de la miseria y del hambre y, probablemente, de una muerte temprana.

En aquella época Ctesifonte se había convertido en una ciudad sin ley, peligrosa para los más desafortunados, para los sin techo que, como él, tenían que mendigar por las callejuelas infectadas de ladrones y asesinos sin más protección que su lastimera existencia. Melchor tenía entonces unos quince años, era huérfano o había sido abandonado, eso nunca lo supo. Recordaba que hacía dos días que no había probado bocado y aquella noche decidió subir a la ciudadela a pedir limosna. Allí arriesgaba la vida si los guardias lo pillaban; la pena por mendigar era la muerte, pero no tenía otra opción, las fuerzas comenzaban a fallarle y sabía que, con aquel frío, no aguantaría una noche más sin un mendrugo de pan.

Pocos metros antes de cruzar la puerta norte de la ciudadela le sorprendió el griterío de una multitud procedente del barrio de los artesanos. Al mirar hacia las casas que se apretujaban al abrigo de la muralla vio como una de ellas era pasto de las llamas. Se acerco curioso.  Muchos de los vecinos se afanaban infructuosamente por controlar el fuego y evitar que se propagara a las casas contiguas. Los gritos de pánico se mezclaban con el crepitar de las llamas y entre todo aquel caos una súplica de auxilio sobresalía desgarradora:

-       ¡Mis hijos, por favor, salven a mis hijos!.

Dos hombres sujetaban a la viuda para evitar que se lanzara a las llamas. El fuego estaba muy extendido y nadie era capaz de reunir el suficiente valor para arriesgar su vida por salvar a aquellos niños de lo que parecía una muerte segura.

Melchor se estremeció con la terrible angustia de aquella madre. Sintió que su sangre le ardía en las mejillas por la ira de ver que nadie la ayudaba.

Sin pensarlo dos veces se lanzó hacia el fuego y cruzó el umbral de la entrada poco antes de que esta quedara bloqueada por las llamas. La estancia estaba completamente llena de humo. Se tiró al suelo para poder respirar algo de aire limpio y aguzó el oído en busca del llanto de los niños. No escuchó nada – estarán ya  muertos – se horrorizó al pensar,  aunque siguió buscando. El calor era insoportable. Divisó al fondo una puerta que conducía a otra habitación. Se arrastró hasta ella y descubrió los cuerpos de un niño, de unos cinco años, y el de su hermana, de pocos meses, ovillados e inmóviles en un rincón. Reunió el valor y las fuerzas que le quedaban, los asió cada uno con una mano y buscó una salida. Por un momento su ánimo resurgió al notar que ambos aún respiraban para volver a desesperarse por no encontrar una brecha entre las llamas por la que poder escapar. Entonces parte de un muro se desmoronó y dejó un hueco lo suficientemente grande para sacar a los niños pero demasiado angosto como para escapar él. Tras poner a salvo a los niños, parte del techo cedió a la devastación de las llamas y se desplomó a pocos centímetros de Melchor. No quedaba mucho tiempo y lo sabía, pronto se quemaría vivo, sin embargo se sintió tranquilo – Aunque muera aquí – se dijo – me alegro de haber salvado a esos niños –

Levantó la vista y miro al cielo a través del hueco del techo. Entonces vio la estrella más luminosa que jamás hubiera visto justo encima de su cabeza. Su miedo a morir quedó olvidado por momentos y se convirtió en estupor al contemplar a un ser de luz que descendía de ella hasta quedar de pie frente a él.

Y le hablo:

-         ¡Melchor! Eres el hombre más extraordinario de este inmenso reino. Hoy has demostrado, no solo tu valor, sino la compasión que guía tu corazón. Eres digno de este presente – dijo mientras depositaba en sus manos una extraña caja – consérvalo hasta que vuelvas a ver esta estrella, ella te guiará hasta aquel que es digno de ser adorado. ¡Que la compasión te haga sabio, que el valor te haga misericordioso!.

Y desapareció junto a la estrella.

Entonces el muro semi-derruido terminó de ceder y Melchor quedó libre de aquella tumba de fuego.

Un paje entró en sus aposentos, trayendo al sabio de nuevo al presente.

-         Señor – le dijo – todo esta preparado tal como ordenó.  ¿He de comunicar al rey su partida?.

-         No será necesario Simón. Saldremos esta misma noche siguiendo esa estrella. Quiero saber hacia donde va antes de informar a su majestad.

Por supuesto que Melchor no tenía intención de decir nada de lo que sabía antes de encontrar al destinatario de su cofre divino. La estrella continuaba su senda inalterablemente hacia poniente y la comitiva siguió su estela.

Unos días más tarde encontró en el desierto otros dos séquitos y a otros dos sabios que, al igual que él, perseguían a la estrella: Gaspar de Armenia y Baltasar de Mesopotamia. Pero lo que más le sorprendió fue que portaban  cofres idénticos y que habían sido, al igual que el suyo, un regalo de un “ángel”.

*Imagen tomada de internet

* El préstamo de este material lo hago sin autorización de su titular. No pretendo dañar ningún derecho reconocido a sus autores y si estos consideran que no deben figurar en este blog, ruego me lo notifiquen a fin de retirarlos a la mayor brevedad posible.

¡ F E L I Z   N A V I D A D !

viernes, 16 de diciembre de 2011

Regalando esperanza

Estamos viviendo días de celebraciones, de fiestas, de comidas o cenas de familia y sobre todo de regalar; esos tan temidos o tan deseados "detallitos". Muchos nos quejamos de lo consumista que se ha vuelto nuestra sociedad en general, hecho que se hace más patente, si cabe, en fechas señaladas como la Navidad, Fin de año o Los Reyes.

Estoy convencido de que quienes más disfrutan de estas fiestas son los niños, aquellos que por su juventud aún conservan la ilusión y creen en la magia de un mundo perfecto. Rodearse de niños siempre es una experiencia inolvidable, pero hacerlo en estas fechas, ver sus ojos brillar al abrir los regalos, oír sus gritos de júbilo o incluso sus lágrimas de alegría, no tiene precio.

Pero cuando no hay niños o ya se hicieron demasiado mayores para "creer", la Navidad, Papa Noel o Los Reyes Magos pierden parte de su significado. Los regalos se pueden convertir entonces en un compromiso, o en un ritual en el mejor de los casos. La mayoría se pregunta ¿qué le regalo si tiene de todo? o ¿no me saldría más barato si espero a las rebajas?. Las campañas de navidad proliferan, se preparan y programan para invadir todos los medios de comunicación disponibles ofreciendo lo último, lo más novedoso, lo más caro, lo más exclusivo, lo más... inútil. Porque, ¿cuantos de nosotros no hemos hecho un regalo que se ha tenido que devolver o cambiar?, ¿cuantos de nosotros no se ha estrujado el cerebro buscando ese obsequio ideal para la persona que, sin duda lo merece, y después ha sufrido la desilusión de no haber acertado en la talla, el color, la forma, o (erradamente) con el propio regalo?. "Lo importante es el detalle" o "por lo menos te has molestado" son los comentarios más habituales en estos casos. Y tu te quedas con cara de tonto y dices "te hice el ticket regalo, por si lo querías cambiar", con lo que a tu incompetencia se le añade la seguridad manifiesta de que sabías que no le iba a gustar y aún así se lo regalaste.

Pero me estoy yendo por las ramas. Lo que quiero decir es que, aparte de los niños que se ilusionan con cualquier cosa, el resto de los regalos son, en la mayoría de los casos, superfluos, generados por una necesidad artificial impuesta por nuestra sociedad de consumo e, irónicamente, decepcionantes para el regalador/a o el regalado/a.

Estéis o no de acuerdo conmigo, os voy a proponer un regalo con el que nunca quedaréis mal: ¡REGALAR ESPERANZA!. ¿En que consiste?. Es bien sencillo. Si no podemos parar de consumir (ya que eso, dicen, sería malo para la economía), hagamos que nuestro consumo sea justo, solidario, empático, vivicionista, humano y fraternal. Regalemos sonrisas en forma de ayudas a los que tienen menos que nosotros, en forma de comida para el que pasa hambre, sonrisas para el que esta triste o deprimido, esperanza para el que teme perderla. Regalemos a aquellos que tienen de todo, a aquellos que piden más de lo mismo pero mejor, a aquellos a los que amamos y respetamos; regalémosle, digo, un regalo para un tercero: el que si lo necesita de verdad. Cada uno como quiera, como desee, como se sienta más seguro de que servirá para algo. Se puede incluso pactar de antemano: "¿qué te parece si este año nos regalamos una compra de 100 € en comida para Cáritas?", o "este año quiero que me regales el material escolar para diez niños de Africa", o... lo que se os ocurra.

Sé que estamos en crisis, sé que hay poco dinero, sé que regalar para un tercero al que no conocemos, (o sí, pero no es familia ni amigo) puede resultar extraño, incluso incómodo o ridículo, pero pensad que no hay mejor forma de gastar el dinero que regalando esperanza.

Hagamos también nosotros nuestra particular campaña de Navidad. Difundir (si lo consideráis oportuno) esta idea. Copiar y pegar la entrada completa o sintetizar la idea principal. No hace falta siquiera que me nombréis (ni a mi blog). Hagamos una cadena de acción que llegue a todas partes, que haga renacer (consumiendo) la justicia, la esperanza, la solidaridad, la empatía, el vivicionismo, la fraternidad y, sobre todo, nuestro sentimiento de HUMANIDAD.

Un abrazo a tod@s, un poco de música y... ¡FELIZ NAVIDAD!.




*Imagen y vídeo tomados de internet

* El préstamo de este material lo hago sin autorización de su titular. No pretendo dañar ningún derecho reconocido a sus autores y si estos consideran que no deben figurar en este blog, ruego me lo notifiquen a fin de retirarlos a la mayor brevedad posible.

lunes, 12 de diciembre de 2011

La incompleta fábula de las gallinas

En una granja de gallinas ponedoras ocurrió en cierta ocasión lo que os voy a contar:

El granjero daba de comer a todas sus aves con la ración diaria suficiente para engordarlas, todas comían hasta hartarse. Al principio todo iba bien, cada animal estaba sano y ganaba peso con rapidez, ponían huevos que el granjero vendía y sacaba su beneficio. Pero las gallinas cada vez exigían más y más comida, de más calidad, más cara, desperdiciando gran parte de ella; pero contrariamente a lo que se podía esperar, no ponían más huevos. 

El granjero pensó en sacrificar a la mitad y recuperar parte de sus perdidas con la carne de las aves. Y así lo hizo. Al resto comenzó a darles la mitad de la comida que necesitaban para sobrevivir, pensando que si luchaban por el alimento se mantendrían activas, fuertes y producirían más huevos. 

De nuevo todo iba bien. Pero al cabo de un tiempo, las gallinas empezaron a disputarse el pienso, a pelear entre ellas, a infringirse heridas graves, a enfermar y morir. Para colmo, el granjero no pudo vender la carne de las gallinas que morían enfermas y las fuertes que sobrevivieron no ponían huevos por el estrés que les causaba luchar por el alimento. Al final el granjero tuvo que sacrificar a todas las aves y cerró la granja arruinado y sin saber bien en que se había equivocado.

No hay moraleja en esta fábula, porque la solución no está expuesta en la misma. Pensad en ello y si alguno encuentra como hubieran sobrevivido todas las gallinas os agradecería el comentario, pero sabed que no hablo de gallinas, ni de granjeros, ni de beneficios económicos,... 

Y una entrevista de Iñaki a Sampedro


*Imagen y vídeo tomados de internet

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lunes, 5 de diciembre de 2011

LA CRISIS


"No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo"

La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos. La CREATIVIDAD nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis donde nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar "superado". 


Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. 


Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. 


Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla. 


En los momentos de crisis, solo LA IMAGINACIÓN es más importante que el conocimiento.

Albert Einstein



*Imagen y vídeo tomados de internet

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