lunes, 31 de octubre de 2011

D A M N A T I (2)

Participación en el proyectos de Adictos a la escritura del mes de octubre. Temática del mes: "Especial Halloween"

Si quieres leer antes la 1ª parte has clic aquí


D A M N A T I 
(el condenado)
2ª parte


Foto tomada de internet




"A veces la muerte no es una salida. El estaba muerto y seguía teniendo miedo a encontrarse con aquello: su nuevo renacer"


Silencio. Este aterrador silencio que siempre precede a mi despertar. No deseo volver, otra vez no, ¡por favor!. Son ya demasiadas veces, demasiadas muertes, demasiado sufrimiento,... demasiada sangre la que inunda mi conciencia. Mientras yo esté muerto, ellos estarán a salvo,... por lo menos de mí. Sé que existen muchos como yo, aunque nunca les haya visto en ninguna de mis existencias anteriores.

Él quiere verme agonizar, disfruta con ello, dice que cuando renuncie a la humanidad que aún sobrevive en mí, dejaré de sufrir: no le creo. Soy el más aventajado de sus condenados, también uno de los más antiguos: he renacido más de trescientas veces. Muchos otros ya habrían sucumbido al dolor y se habrían convertido en sus sumisos esclavos. Por ello yo soy especial, porque aún queda un atisbo de salvación para mí, pero él se esfuerza para que esto no ocurra.

Mi condena es simple: sufrir el dolor que provoco cuando estoy vivo. Recuerdo cada una de las atrocidades que he cometido en todas y cada una de mis vidas, sufro los dolores de mis millones de victimas como si fueran míos, intensificadas hasta lo inimaginable ya que se agolpan todas a la vez.

Mi alma permanece encadenada en este lugar, en este vacío que él domina. La muerte no tiene sentido para mí, porque siempre renazco en otra época, en otro cuerpo; pero mi nueva existencia es más horrible que la anterior, mi sed de destrucción y de sangre se hacen cada vez más intensas con cada nuevo nacimiento. En vida  no recuerdo mis vidas pasadas, no sufro, no tengo conciencia ni decisión. Cuando llega el momento, aquel en que más daño pueda hacer, él me da la orden, y yo, que jamás podré resistirme a hacer su voluntad, la cumplo, siempre con las mismas consecuencias. Después, mi muerte es inevitable. Ellos creen que hacen justicia, que se libran para siempre de un ser abominable que merece morir: ¡cuan equivocados están!.

En mi última vida morí con tan solo ocho años. Era la noche que llaman Halloween o de todos los santos. Sentí la llamada y el más intenso de los odios penetró en mi corazón, sin motivo, sin poder hacer nada: era él. En aquella fiesta en la que los niños se disfrazaban de lo que les daba miedo para reírse de estos y poder superarlos, yo me vestí de ángel, completamente de blanco, con alitas y todo: era el mejor color para resaltar la sangre.

Furtivamente, aquella misma mañana había cogido la Glock de 9mm con silenciador de mi padre y los tres cargadores. No había sido difícil sorprender a mis progenitores mientras aún dormían. Después, ya por la tarde, salí a la calle. Comenzaba mi particular y sangriento “truco o trato” puerta a puerta cuando ví a aquel grupo de niños que se reían de mi. No me hubiera importado si entre ellos no se encontrara Charles Huber. Mi demonio tenía un mensaje para él, un mensaje que ni yo mismo pude descifrar. Luego seguí mi camino, aún me quedaban muchas balas y mi nacarado ángel de la muerte se trasformó poco a poco en carmesí a medida que avanzó la noche.

Recuerdo cada uno de sus rostros, cada una de sus miradas incrédulas cuando aquella pequeña bala se alojaba en su cerebro, siempre a quemarropa, siempre sin titubear, sin remordimiento. Hasta que otra bala mayor acabó con la masacre.

Ahora la luz regresa, tengo miedo de lo que pueda hacer en esta nueva vida. ¿Cómo podrán detenerme?. Siento que el odio es cada vez más puro.


La enfermera le entregó con cuidado a su pequeño. Charles Huber contuvo el aliento mientras cogía con delicadez el pequeño cuerpecito de su hijo recién nacido. Miró su carita, aún húmeda por los fluidos del parto y le sorprendió lo tranquilo que estaba: parecía dormir.

Lentamente, los ojos del niño se abrieron, miraron fijamente a su padre y... ¡el tiempo se paró!. Charles volvió a sentir el mismo terror que otros ojos, hacia treinta y cinco años, le habían provocado. Sintió ganas de gritar, todo el rencor y el odio que aquellos ojos de muerto le infundieron en el pasado volvieron a su mente como un estallido de ira. Deseó no haber nacido, deseó matar a su propio hijo, deseó matar a su mujer, deseó matar a todos los que pudiera, pero... su amor era más grande.

Sabía que aquel ser que cogía en sus brazos había sido el asesino de su madre y el de cuarenta y dos personas más. Sabía que su hijo era Ethan. El mundo a su alrededor había desaparecido, solo quedaban aquellos ojos negros que le miraban con odio. No podía dejar de mirarlos, más y más adentro; y allí detrás de todo aquel mal encontró algo que no esperaba: una súplica. Perdóname, le decían, perdóname por el amor que me tienes.

Charles Huber no había vuelto a llorar desde aquella noche de Halloween, pero ahora no podía contener las lágrimas - ¿Cómo podría perdonarte?, tú eres la encarnación del mal – se decía una y otra vez. Pero... su amor era más grande.

Charles Huber atravesó en aquel amanecer, en que el cielo era rojo, el muro del odio y encontró lo que siempre había deseado. Acercó a su hijo a su pecho y lo apretó con fuerza y en un susurro que nadie más oyó, dijo:

- Ya no puedo odiarte, mi amor es más grande: ¡Te perdono, Ethan! Por lo que hiciste en esa o en cualquier otra vida .


Entonces escucho por primera vez la risa de su hijo. Con un nudo en la garganta volvió a enfrentarse a aquellos ojos que temía y su miedo se trasformó en júbilo al ver que no quedaba ni un atisbo de odio en ellos, incluso parecían más claros, como el azul profundo de una noche estrellada.

sábado, 29 de octubre de 2011

D A M N A T I


Participación en el concurso de "Paradela" del mes de noviembre.


D A M N A T I 
(el condenado)
1ª parte





Otro amanecer rojo. En este día tan importante, en que ha nacido mi hijo, ¿por qué el destino me castiga con un amanecer rojo, esta aurora que despierta el recuerdo en mi mente e hiela mi alma?.

Hace más de treinta y cinco años desde aquella noche horrible, de aquel alba teñida de sangre, y yo aún no he podido olvidarlo. Muchas veces sigo despertándome en mitad de la noche empapado en sudores fríos y sintiendo sus ojos, tan jóvenes como los míos, observándome desde más allá de la muerte. Siempre la misma pesadilla, siempre la misma pregunta: ¿por qué?.

Observando este crepúsculo carmesí, las imágenes de aquellas horas, que empezaron siendo de diversión para terminar en tragedia, golpean con fuerza mi mente. En mi pueblo natal, Glow River, todos nos conocíamos, con poco más de 300 habitantes era uno de eso lugares donde la vida era apacible y tranquila. Todos los niños esperábamos con ansia aquella noche donde nos atiborrábamos a comer dulces, nos disfrazábamos para hacer travesuras y nos reíamos con los amigos hasta mucho después del toque de queda habitual, con el consentimiento, eso sí, de nuestros padres. Para todos era una gran fiesta.

Aquel año me acompañaba mi hermana pequeña de tan solo tres años, yo tenía ocho, y auque al principio pensé que sería un fastidio cargar con mi hermanita, al final de la noche di gracias a Dios por tenerla a mi lado. Salimos a las seis, justo después que llegarán mis dos grandes amigos: Jeffrey y Camden. Yo iba de Drácula, mi personaje de miedo favorito, mi hermana de calabaza de Jack O'Lantern y mis dos amigos de Freddy Krueger y Jason Voorhees. Éramos una padilla de lo más terrorífica.

Nada más empezar nuestro ritual de tocar puerta a puerta diciendo aquello de “dulce o susto”, nos topamos de frente con el “nuevo”. Aquel chico era de lo más extraño, todos le rehuíamos como a la peste, no sabíamos bien el porqué, pero todos le temíamos. Era flacucho, más bajito que nosotros aunque tenía nuestra edad,  de pelo negro y tez pálida. Había llegado hacía una semana al pueblo con sus padres, no tenía hermanos.

Cuando vimos de que iba disfrazado, todos comenzamos a reir, todos menos mi hermanita.

- Estas tonto! – le grito entre carcajadas Jeffrey – Falta mucho aún para Navidad.

Ethan, que así se llamaba aquel mal nacido, ni siquiera se inmutó ante nuestras burlas. Con decisión caminó tranquilo hasta donde nos encontrábamos, se colocó frente a mí y me miró fijamente. Sus ojos me provocaron el terror más intenso que jamás he sentido. Negros, fríos, sin expresión, parecían pertenecer a un muerto. Luego se acercó a mi oído y susurró unas palabras que me han atormentado desde entonces:

- No olvides mis ojos nunca, pronto volveremos a encontrarnos.

Luego, con un sonrisa, se dirigió a mis amigos y les dijo:

- No riáis tanto, esta noche maldeciréis haberme conocido.

Ethan no sobrevivió a aquella noche: mi padre, el sheriff, lo mató después de que aquel demonio asesinara a mi madre y a cuarenta y dos personas más. Los padres y madres de muchos de los niños que pedían caramelos por las calles. Los padres y madres de mis amigos, de mis vecinos, y de muchos otros, incluyendo a sus propios padres. Aquella noche, Glow River se llenó de los llantos y los gritos de dolor de muchos huérfanos.

(continúa aquí)


Foto de María Jesús del blog "Paradela de Coles"

jueves, 27 de octubre de 2011

El virus de la empatía

Siempre nos enseñaron que la razón era suficiente para mejorar nuestra vida, para salir adelante, para solucionar los problemas. Nos olvidamos de que con los sentimientos, con la emotividad, con "el corazón" también se pueden tomar decisiones inteligentes, y que muchas veces es la mejor forma de saber el camino a seguir.

Supongamos que existiera un virus que hiciera al que lo sufriera ser más empatico con las personas que le rodea, que le hiciera sentir más allá de su piel. No sería necesario más de un metro a nuestro alrededor. Sentir lo que siente otro ser humano con solo estar a menos de un metro, con un apretón de manos, con un beso, con un abrazo; sin palabras, sin miradas, sin quererlo. El amor ajeno sería nuestro, el odio ajeno sería nuestro, la alegría, el dolor, la esperanza, la gratitud, la envidia, el vacío, la plenitud,... serían nuestros y los nuestros serían suyos.

¿Sería más fácil el perdón?, ¿sería más fácil trabajar unidos con un fin común?, ¿sería posible mejorar nuestra sociedad, nuestra propia vida y el mundo que habitamos?. ¿Y si el virus se hiciera más fuerte y nos hiciera empáticos al resto de los seres vivos, animales y plantas?. ¿Y si mutara y nos hiciera empáticos a TODO lo que nos rodea?.

¿Moriríamos por este virus?.

No pretendo dar respuestas, no las tengo. Solo soy un "removedor", un generador de ideas (con toda la humildad de la que soy capaz). No quiero convencer a nadie, prefiero conversar y escuchar pensamientos dispares que, a la postre, siempre me enriquecen.

Así que ahí os dejo esta reflexión, que pincelo en la superficie para no influir en vuestra propia forma de ver la vida, pero que agradecería vuestra opinión.

Un abrazo y un poco de música.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Yo no estoy en venta


Hay cosas que deshumanizan, nos hacen ser peores que los irracionales animales de los que provenimos y de los que nos sentimos superiores. Esclavizar a nuestros congéneres nunca fue un acto que nos glorificase, pero hacerlo a los niñ@s y con fines sexuales, es algo que me descompone el alma y me hace tener dudas de si somos una especie que merezca sobrevivir.

Este vídeo lo presenta una gran amiga mexicana: Sara. Con sus palabras y su gran corazón os dejo.


No puedo resignarme a que este video, que debe ser visto en todas las familias del mundo, desde mayo, en que se colgó en YouTube a la fecha, no registre más de 4000 entradas; siendo que cualquier VIDEO BASURA, logra miles de entradas diariamente. 

Estoy segura de que los blogueros, podemos apoyar mucho en su difusión, para disminuir las cifras tan alarmantes de este PROBLEMA MUNDIAL, ¡hasta erradicarlo!

Son muchos los niños, víctimas de este delito imperdonable.

Usa toda tu creatividad, tu libertad y tu conciencia para darlo a conocer. No deseo que des crédito a mi blog, pero sí, que difundas el video.

¡Únete y hagamos campaña!


¡Gracias!

domingo, 2 de octubre de 2011

Abrazados al amanecer


Participación en el concurso de "Paradela" del mes de octubre.


Amanece. Los primeros rayos de sol entran por la ventana, atravesando la persiana y arrojando sombras sobre su cuerpo desnudo, junto al mío. Veteada así, su piel aún parece más hermosa, tersa y cálida, aterciopelada y sensual, irremediablemente deseada.

Aún duerme, su sueño es ahora plácido, su respiración tranquila. Pero en mi cabeza siguen fluyendo, como un río, las dudas.

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