domingo, 19 de junio de 2011

Premonición (VIII)

Indice de capítulos:
(I) Antes del ataque
(II) Las cartas y el viaje de Xisela
(III) El secreto de familia
(IV) Un juego arriesgado
(V) Confiando en un enemigo
(VI) ¿Un encuentro casual?
(VII) Buscando respuestas












(VIII) Un giro del destino
 
Apretados en aquel pequeño helicóptero biplaza, sobrevolaban velozmente la ciudad de Puerto Príncipe en dirección a la sede de las Naciones Unidas. Eldwin miraba la urbe que se extendía a sus pies y sentía un desasosiego creciente ante lo que estaba a punto de suceder.

Habían pasado casi 24 años desde el accidente de Chernóbil, desde aquella noche trágica. Después de todos estos años, por fin había llegado el día en que se decidiría todo.

Esta vez no podía fallar: ¡tenía que llegar a tiempo!. Se lo debía a su amada Xisela, se lo debía a Pierre y en cierta forma, también se lo debía a todos los que dieron su vida para que aquel milagro pudiera suceder.




- ¡Los cafés, señores! – dijo el camarero al situarse frente a ellos.

Al percatarse de la presencia de un nuevo cliente preguntó de forma rutinaria:

- ¿El caballero tomará algo?

Pierre, molesto por la interrupción, se apresuró a contestar:

- ¡No, gracias!. Eso es todo.

Eldwin devolvió el librito metálico a Xisela. Ella era la única destinataria de aquella carta tan especial y por lo tanto, debía ser ella quien la desvelara por primera vez después de permanecer oculta todos aquellos años.

Con la voz quebrada por la emoción comenzó a leer:

Tienes en tus manos el destino de una persona e intuyo, que de alguna manera, quizás el de todos los seres humanos... Tu bisabuelo y yo misma somos eslabones de una larga cadena que, a través del tiempo, llega hasta ti. En este preciso momento y lugar deberás decidir continuarla o romperla. Pero antes, debes conocer el secreto de nuestra familia...

La bisabuela Xisela continuaba su relato exponiendo el don de premonición de las mujeres de la familia, de su sacrificio generación tras generación para salvar a seres especiales. Contaba como un baúl donde se guardaba todas las pruebas de lo que decía, fue destruido en un bombardeo, durante la guerra civil española; tras lo cual decidió fabricar el medallón y la cajita de madera donde guardar el mensaje que ahora estaba leyendo. Aclaraba, además, el porqué de aquel juego:

“Entiende que si tus padres hubieran sabido que tu vida estaba en peligro, jamás te hubieran dado mi mensaje, lo habrían destruido y la mujer del colgante hubiera muerto. Ahora lo sabes todo. Solo me resta pedirte, suplicarte, aún a riesgo de tu vida,  que pongas a salvo a esa mujer. ¡Búscala!. El colgante te guiará. La decisión es tuya y ruego a Dios para que sea la correcta”.

Pierre, que era el más entusiasta de los tres, fue el primero en decir lo que pensaba:

- ¡Esto es alucinante, hermanita!. Nuestra bisabuela nos pide que busquemos a una mujer con un collar igual al tuyo. Y todo por una premonición que tuvieron ella y su marido hace casi setenta años... ¡Hagámoslo, pues!. No hemos llegado hasta aquí para salir huyendo.

Xisela seguía teniendo dudas:

- Pero... ¿tú sabes lo que estas diciendo?. Aunque todo esto fuera real y decidiéramos buscar a esa mujer, ¿te das cuenta que en esta ciudad hay casi 45.000 habitantes?. ¿Cómo vamos a encontrar nosotros tres a una sola persona en menos de once horas?. ¡Es imposible!. Como dije antes, deberíamos tratar de convencer a los responsables de la central del peligro que, suponemos, se cierne sobre estas gentes, y salir de aquí lo antes posible.

Eldwin se había mantenido intencionadamente al margen de la discusión entre los hermanos hasta ese instante. Delante de sus atónitos ojos estaba ocurriendo un suceso inesperado y sorprendente. Sujetando las manos de ambos contertulios para llamar su atención, exclamó:

- ¡Mirad!

Los hermanos se giraron siguiendo el brazo extendido del alemán que señalaba en dirección al acceso a la terraza donde se encontraban. Apuntaba a una pareja joven que acababa de entrar.

- ¡No puedo creerlo! – Exclamo Pierre.

- ¡Es ella!... ¡Su colgante!... ¡Está embarazada! – Xisela tampoco podía creer tanta coincidencia.

- Mirad su cara – inquirió Eldwin.

- ¡Se parece a mí! – Afirmó Xisela desconcertada - Salvo por el color de su pelo, ¡podría pasar por mi hermana gemela!.

Mientras se dirigían a una mesa libre, próxima a la que ellos ocupaban, notaron que la joven había llorado. Sus rostros tenían síntomas evidentes de cansancio, preocupación y lo más llamativo: en medio de la bulliciosa terraza hablaban casi susurrándose. 

Xisela se levanto y se acerco directamente a la joven, Pierre y Eldwin la siguieron. Cuando se plantó delante de la pareja, ella alzó la mirada. Ambas mujeres quedaron sorprendidas por su increíble parecido: era como mirarse a un espejo.

- Ven, hemos de hablar – le dijo en ingles, directamente, como si ya la conociera.

La pareja quedó desconcertada. Por un momento él tuvo la tentación de salir corriendo pero ella lo detuvo. Le señaló el colgante que llevaba Xisela al cuello, casi idéntico al suyo salvo por los colores y el tamaño, que era un poco más pequeño. Miró directamente a los ojos de la francesa y asintió con la cabeza.

Regresaron a la mesa y se presentaron: se llamaba Helenka y su marido Yuri.

Xisela les relató todo la historia mientras ellos escuchaban atónitos. Cuando terminó, Helenka no pudo aguantar más y rompió a llorar. Se arrojó al cuello de Xisela y le suplicó:

- Будь ласка!, Допоможи нам, ми боїмося за нашу дитину.

- ¡Por favor!, ayúdanos, tememos por nuestro bebé -  tradujo Yuri, que hacía grandes esfuerzos por conservar la calma. Y continuó:

- Ambos somos operadores en la central nuclear. Desde anoche el equipo técnico está realizando una prueba que algunos consideramos muy peligrosa. Además estamos trabajando turnos muy superiores a los establecidos y el cansancio esta haciendo mella en todos nosotros. Debemos regresar en una hora para preparar la fase de esta noche, la más peligrosa de la prueba, y tememos por nuestra seguridad y por la vida de nuestro bebé. Tenemos prohibido salir de la ciudad y supongo que las carreteras y demás medios de transporte estarán vigilados.

Yuri miró a Xisela y siguió hablando:

- Anoche Helenka soñó contigo. Bueno creía que era ella, pero con el pelo de otro color. Vio que llevaba el collar que le había dado su madre, aunque parecía más pequeño. Cuando me contó el sueño me dijo que sintió que aquella mujer le trasmitía confianza. Hasta que no te hemos visto no hemos comprendido que tú eras la mujer de su sueño.

Xisela respiró hondo, miró a su hermano, luego a Eldwin y por último a Yuri y Helenka. Casi en un susurro dijo:

- ¡Esta bien!, os ayudaremos a salir de la ciudad. Supongo que todos estamos de acuerdo. Aunque no imagino cómo vamos a hacerlo.

- No te preocupes por eso Xisela – le interrumpió Eldwin – todo está preparado.

Los hermanos se miraron desconcertados y casi al unísono preguntaron al alemán:

- ¿Qué significa que todo está preparado?


Su premonición se mezclaba con el dolor insoportable que sentía su corazón, como si fueran una sola cosa. Sólo la certeza de estar cumpliendo los deseos de su amada Xisela le mantenían en pie. Hacía menos de tres días que ella había fallecido, allá en el pueblo de sus antepasados, en Galicia. Llevaban más de veinte años viviendo en Paradela de Coles,  desde que se casaron. Eldwin recordaba cada instante vivido junto a su mujer como los más hermosos, los más felices de su vida. No hubo ningún día en que no consiguiera hacerla reír, ni siquiera cuando tenían una discusión.

- Creo que a pesar de lo que sufrimos, fuiste feliz a mi lado, ¡mi amor! – pensó mientras el helicóptero aterrizaba en un descampado cerca de su destino.

- No puedo acercarme más – le dijo el piloto – La sede de las Naciones Unidas se encuentra a doscientos metros calle abajo.

Eldwin saltó del pequeño helicóptero y comenzó a correr. Ya no era joven, con casi cincuenta años sus piernas y sus pulmones no tardaron en decirle basta, había recorrido poco más de cien metros.

- He de dejar de fumar – se dijo tratando de coger aire como un pez fuera del agua pero sin dejar de andar – No me puedo parar, debo encontrar a la hija de Helenka y ponerla a salvo.

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Foto: María Jesús Paradela. Paradela de Coles

25 comentarios:

  1. Uyyy mi enhorabuena Ibso no eres un Edgar Allan Poe, pero me parecia estar leyéndole que intriga ¡¡ sino eres un profesional de la novela a mi me lo pareces.
    Un saludo.

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  2. eres capaz de mantener la intriga aun leyéndolo de forma intermitente , genial!!!
    Que nervios!! ¿que va a ocurrir en Haití? ( el qué ya lo se ,o al menos lo supongo , me refiero en tu historia ).
    Unbesazo

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  3. Eres increíble (Y eres un metido, por cosas menos importantes nos peleábamos mi hermano y yo)...
    Me emocioné, se me cayeron las lágrimas y, sí, es muy posible que cualquiera pueda ser feliz en Paradela de Coles. Yo lo soy, exactamente desde 1991. VEINTE AÑOS, SI, SEÑOR.
    Gracias mil.

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  4. Magnífico relato, administras muy bien la intriga. Espero el "continuará".
    Saludos

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  5. Estupenda narración. En ascuas nos tienes a todos, pero no acabes demasiado pronto, que leerlo resulta un verdadero placer. Beso.

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  6. Me ha gustado visitarte después de tanto tiempo de ausentarnos ambos de nuestros comentarios.
    Te invito a que conozcas algo más de mi, en un vídeo con un poema recitado por mi, espero que mi voz te sorprenda como a tantos lo ha hecho y que yo no esperaba.
    Te dejo mi ternura
    sor. Cecilia

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  7. Ibso, Ibso, Ibso... ¡Qué historia y que manera de desarrollarla! ¡Felicidades! Está espectacular.
    Muchos abrazos.

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  8. YSUPAIS: He de confesar que no he leído nunca a Edgar Allan Poe, no leo tanto como quisiera. Ya me gustaría ser profesional de la novela (ya que estoy en paro), pero por ahora me conformo con aprender, divertirme escribiendo e sorprenderme gratamente porque haya personas a las que le guste mis relatos.
    Un abrazo.

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  9. ANUSKY66: recordaras que en el anterior concurso de nuestra querida María Jesús (Paradela de Coles), uno de las últimas propuestas fue incluir un acontecimiento del año 2010. Bien, este fue el segundo en el que pensé en su día. He querido mantener las propuestas de ese concurso (finalizado en diciembre del año pasado) como homenaje a nuestra musa.
    Aunque la causa de la catástrofe del terremoto de Haití fue natural, sus consecuencias más graves aún se dejan sentir hoy en día, y estas están motivadas por la desidia del resto de las naciones. Cuando no hay petróleo, ya se sabe. Este es mi pequeño homenaje y recordatorio hacia un pueblo que sigue sufriendo, como tantos otros.
    Un abrazo.

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  10. MARIA JESUS: llámame metido si quieres, pero no te pelees conmigo :). Cuando alguien es feliz, se nota, aunque sea por lo que escribe. Lo de los VEINTE AÑOS he sido purita casualidad, no tenía ni idea que fueran esos los años que llevas viviendo en Paradela: ¡que sorpresa!. A ver si resulta que tengo dotes premonitorias, jajajaja.
    Mil gracias a ti por la inspiración.
    Un abrazo y... aquí te envío un pañuelito para las lágrimas. Disculparas que este usado, solo es un poquito de humedad de la emoción por tu amable comentario.

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  11. ANTORELO: ¡Gracias!, viniendo de alguien que escribe tan bien, considero muy halagador que te guste.
    Un saludo.

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  12. EMEJOTA: Tú eres unas de l@s poquit@s que puede intuir el final (espero). Recuerda un comentario que te hice donde te mencionaba que este relato tenía mucho que ver con otro, se podría decir que es el inicio de ese otro y, lo más importante, su motivación.
    No sabes cuanto me alegra que disfrutes tanto con este cuento.
    Un abrazo ¡manita mayor! (y sabes que lo de mayor es con todo el cariño del mundo).

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  13. CECILIA: Es cierto que hace algún tiempito que no te visito, espero que te encuentres mejor de tus manos. Me voy corriendo a oír tu voz.
    Un abrazo lleno de ternura para ti también.

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  14. SARA: muchas gracias VIVICIONISTA ¿chihuahuense?. Como llagaste a este mi rinconcito después de iniciado el relato, te invito a que lo leas desde el principio, si tienes un huequito. Hay algunas circunstancias del final que entenderás mejor si así lo haces.
    Un abrazote.

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  15. Empecé a leer estos relatos cuando te conocí en el concurso de Paradela...que recuerdo presentaste el primero...
    es intrigante y mantiene el interés...

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  16. Me tomo un descanso, querido IBSO.

    No se aún si definitivo o temporal, y tampoco se si volvere o no a escribir.

    Eso si: seguiré visitandote.

    Hasta entonces, un abrazo enorme.

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  17. Ibso...agradecerte el precioso comentario que me has dejado en la entrada Nunca es tarde

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  18. Amigo Ibso, pues esperaremos la continuación de este estupendo e intrigante relato.

    Precioso comentario el que dejaste a Anna, ya lo dejé dicho en su blog.

    Un beso.

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  19. Llegué aquí y aquí me quedo. Me ha encantado todo el blog. Lo escrito es estupendo, la estética impecable. El conjunto soberbio. ¡Agradezco haberte encontrado!
    Te invito a conocer mis sitios, será un lujo verte por allí.
    Un abrazo desde Ciudad de Buenos Aires

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  20. Hola Ibso: hasta donde me he de remontar para comenzar a leer tu relato? hace dias que te visito, pero no sé por donde echarle mano. Un saludo grande y agradecido. Abrazos

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  21. ¡Hola, Montserrat!. En este mismo capitulo hay un índice al principio numerados del uno al siete en números romanos (este es el octavo). Solo tienes que hacer clip en "(I) Antes del ataque". Luego, al final de cada capítulo hay un enlace al siguiente.
    Espero que te guste y gracias por el interés.
    Un abrazo.
    ibso

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  22. ANNA JORBA RICART: Gracias por tu interés en este relato y... tienes buena memoria, fue en octubre cuando conocí a Maria Jesús y su concurso-divertimento. Fue entonces cuando supe de tanta gente estupenda que participaba y entre la que te encontrabas tu.
    Un abrazo
    ibso
    PSD: espero que la espalda se este fortaleciendo con ese “personal-trainer” y te duela cada vez menos :)

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  23. CORNELIVS: Descansa pues, amigo.
    Decidas lo que decidas he de decirte que tus escritos y reflexiones me han ayudado mucho, lo cual te agradezco inmensamente.
    ¡Hasta siempre!
    Un fuerte abrazo.
    ibso

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  24. MARIA: Gracias por ser paciente y seguir leyendo este relato tan extenso en el tiempo, que no en su contenido.
    MARIA Y ANNA: En algunas ocasiones, después de leer una entrada, quedo pensativo durante algún tiempo. No suelo comentar en el momento, o incluso como en este caso, no pretendía comentar porque no creía tener nada que decir. Sin embargo, esa especie de poema surgió al día siguiente y no pude dejar de escribirlo. No estaba seguro si podía decir algo a Anna o a alguien más y me alegro enormemente de que así haya sido.
    Un abrazo a ambas.
    ibso

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  25. SUSANA: Me alegro que te guste el blog, tu también tienes cuatro preciosos del que voy a seguir “GothicSue”.
    Un abrazo desde Las Islas Canarias.
    ibso

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