lunes, 27 de diciembre de 2010

Premonición (IV)

El ardid era evidente, se sentía estafado, engañado como un tonto por su bisabuela, aquella que se llamó igual que su hermana. Pierre había abierto la carta el día indicado con ilusión e ingenuidad, como un niño que abre un regalo después de esperar toda una noche en vela el día de Navidad o Reyes.

- Es una lista de enseñanzas vitales de mis antepasados, ¿qué broma idiota es esta?. Ya me lo advirtió Xisela – pensó con rabia por tener que darle la razón – Que estúpido he sido.

Pierre volvió a leer la carta con detenimiento. Su bisabuela había escrito las instrucciones y el primer fundamento de los tres que tenía, hasta el momento, la lista. Si, eso es, su bisabuela y no su marido Antoine:

“...esta es la última voluntad de mi marido, quería dejar un legado a su familia y a los que habrían de nacer después de su muerte. No encontrando mejor forma que sintetizar en un pequeño párrafo lo más importante que la vida le había enseñado, escribió lo siguiente:

No hay vida sin dolor, no hay existencia sin sufrimiento; pero ambas se extinguen en el camino hacia el amor. No permanezcas parado en el dolor del alma, no te acomodes en el sufrimiento de tu corazón, así solo conseguirás estar muerto antes de que llegue tu momento. No existes para morir sufriendo sino para vivir amando. Renace, pues, de cada avatar, recuerda que la vida siempre da otra oportunidad para volver a amar y que con cada golpe... eres más sabio

Su bisabuela continuaba:

“Me impresionó sobremanera que mi querido Antoine, sufriendo la desgracia de la guerra, soportando el odio que intentaban inculcarle hacia el “enemigo”, padeciendo hambre, dolor, tristeza por tenernos lejos a su mujer y su hija que nunca conoció... pudiera hablarme en sus últimos momentos de AMOR.

Quiso que las siguientes generación escribieran cada una su pequeño párrafo, sus enseñanzas vitales, para que, unidas a la de Antoine, fueran referentes para los que las leyeran en los años sucesivos.”

- Pero en mi familia solo queda Xisela y yo – se dijo Pierre con cierta tristeza y siguió releyendo.

“La carta deberá permanecer cerrada hasta el 20 de abril de 1936, momento en el que el primogénito de la familia la abrirá y leerá a toda la familia sus enseñanzas. Transcurrido un día, que servirá para añadir un nuevo texto, se volverá a guardar en otro sobre donde se escribirá: Abrir por el primogénito el 20 de abril de 1961, y así cada 25 años. Es solamente un juego para darle más emoción y suspense. Doy por supuesto que no se comentará el contenido de la carta con los nuevos miembros de la familia hasta que haya sido abierta en la fecha señalada y se dará a entender que es una carta de mi difunto esposo Antoine, que no ha sido abierta nunca, ni siquiera por mí”.

- Mi bisabuelo Antoine, mi abuelo y mi padre, tres fundamentos vitales escritos para enseñar y guiar a las generaciones futuras. Si que era enrevesada mi bisabuela Xisela – sonrió, aceptando el engaño que le había provocado tanto interés por aquel manuscrito – Debo leer esta carta a mi hermana y entre los dos escribir el siguiente párrafo, aunque no sé si dentro de 25 años habrá alguien nuevo en mi familia que pueda leerlo.

Dejo el escrito dentro de la cajita de madera que lo había contenido y protegido celosamente durante todos aquellos años, junto a la única foto de sus bisabuelos. Se levantó y fue en busca del número de teléfono del hotel de Berlín donde se hospedaba su hermana aquella misma noche. Regresó al escritorio con el itinerario que seguiría Xisela durante las próximas tres semanas, busco la fecha de hoy, el hotel en Alemania Federal, y marcó el número... Su hermana no estaba en su habitación así que dejo recado al recepcionista para que le llamara tan pronto llegara.

- Bueno, tendré que esperar una poco más. Xisela no se lo va a creer.

La cajita de madera y el colgante que llevaba su hermana al cuello, eran los últimos legados de su bisabuela y según las anécdotas que sabía de su antepasada, los había hecho con sus propias manos.

- Es una verdadera preciosidad, mi bisabuela era toda una artista y muy ingeniosa – pensaba mientras contemplaba aquel objeto antiguo que llevaba tanto tiempo deseando poder abrir.

Las maderas de la tapa y de los laterales estaban delicadamente tallados e incluían piedras semipreciosas estratégicamente situadas para resaltar los motivos florales. Tenía un sistema de apertura muy ingenioso, por un lado estaba la llave que le había entregado su padre, por otro una especie de cilindro metálico incrustado justo encima de la cerradura, este cilindro se componía, a su vez, de tres cuerpos, cada uno marcaba el día, el mes y el año respectivamente. Y por último estaba el obturador de la cerradura, un ingenio de relojería, al que se le daba cuerda haciendo girar una ruedecilla metálica y que llevaba funcionado, no sin cierto retrazo, desde que su bisabuela había construido aquella obra de arte y de ingeniería mecánica.

- Solo debes poner una gotita de aceite en este orificio una vez al mes – le había indicado su padre – es primordial que este mecanismo no deje de funcionar. Cada veinticinco años, cuando la caja esté abierta, podrás extraerlo para limpiarlo y hacerle un mantenimiento a fondo.

En efecto, para abrir la caja debía esperar al que obturador abriese el ojo de la cerradura, poner la fecha correcta, introducir la llave y girar una vuelta completa en sentido horario.

- ¿Y si el mecanismo falla y tengo que destruir la caja para sacar su contenido? – le había preguntado Pierre a su padre cuando le explicó como abrirla.

- Tu bisabuela no hubiera querido que la cajita se destruyera – le dijo – además, en el interior existen, ocultos entre la madera, ampollas de cristal con un líquido muy inflamable en contacto con el aire. Si rompes uno solo de esos cilindros, la caja entera, junto con su contenido, arderá. Por eso debes hacer todo lo que esté en tu mano para que este mecanismo siga funcionando.

- No entiendo porque se tomó tantas molestias por esta carta – pensó – Con esta cerradura solo se podía abrir la caja en las fechas señaladas.

Se acercó a la antigüedad para revisar el mecanismo del obturador más a fondo. Este se había retrasado más de quince horas en abrir la cerradura. Al izar la cajita ocurrió algo inesperado: la parte inferior, que incluía las patas, se había despegado del resto.

- Se ha roto – se dijo sorprendido – No creo que esto sea normal – Recordó que cuando giró la llave había sonado un chasquido extraño, como el de un resorte metálico soltándose de sus anclajes.

Dejó a un lado la parte superior y observo el fragmento desprendido. Era totalmente metálico, sin decoración alguna, parecía un doble fondo o...

- Es otra caja... y parece herméticamente cerrada, no hay cerraduras a la vista... ¿qué es esto?

Sus ojos se abrieron tanto que parecía que los globos oculares se le iban a caer. Con la mano temblorosa acercó la lámpara del escritorio hasta colocarla sobre aquella extraña caja metálica.

- No puede ser, esto... esto es imposible.

Como si hubiera tenido una revelación divina, comprendió el verdadero sentido de todo aquel juego, de la carta, de la caja, de la cerradura... Todo era un modo para que aquel objeto metálico se mostrara, en la fecha señala, a su verdadera destinataria: su hermana Xisela.

- Mi padre cometió un terrible error, la caja con la carta está destinada a mi hermana.

En efecto, en la parte superior de aquella especie de arca metálica, antes oculta por el fondo de la cajita de madera, aparecía tallado un bajorrelieve con la forma del medallón que llevaba su hermana colgada al cuello y que había pasado de generación a generación desde su bisabuela.

Alrededor de este, también tallado en el metal, pudo leer la verdadera carta de su bisabuelo Antoine. Narraba la premonición que tuvo antes de morir en el campo de batalla en la 1ª Guerra Mundial. Prevenía de una catástrofe que ocurriría en el futuro. Cuando leyó el lugar y fecha del suceso su corazón dio un vuelco:

- “Chernóbil”, “26 de abril de 1986” – dijo es voz alta.

Pierre consultó el itinerario de su hermana.

- No es posible, estará en la central nuclear de esa ciudad del 25 al 27 – Su cuerpo se estremeció y la cabeza comenzó a darle vueltas – Si el presagió de mi bisabuelo Antoine era cierto, Xisela está en grave peligro.

Intentó nuevamente contactar con su hermana en el hotel. Ahora era primordial avisarla antes de que pasara la frontera hacia Alemania del Este, allí sería mucho más difícil localizarla. Cuando por fin consiguió contactar con el hotel, no pudo creer lo que le decía el recepcionista.

- ¿Cómo que mi hermana no se ha alojado ahí?.

- Lo lamento señor, el grupo de su hermana anuló la reserva esta mañana, parece ser que decidieron cruzar la frontera y continuar el viaje.

- No es posible... ¿por qué?.

- No me dieron ninguna explicación señor, lo lamento.

Pierre no se amilanó.

- Muy bien, no me queda otro remedio que ir personalmente en busca de mi hermana.

Cortó la comunicación con el hotel y marcó el número del aeropuerto. Reservó el primer vuelo hacia Berlín. Preparó una pequeña bolsa de viaje, cogió el cofre metálico y  la caja de madera con la carta y la foto de sus bisabuelos y salió disparado hacia la calle donde ya le esperaba un taxi.

(continuará)

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El relato continúa aquí: Premonición (V)


Foto: María Jesús Paradela. Paradela de Coles

viernes, 10 de diciembre de 2010

Premonición (III)

Participación en el VII concurso de Paradela

Xisela había leído aquellas cartas cientos de veces en los últimos meses y aún no podía creerlo. El dolor por la muerte de su marido la había llevado al borde de la depresión. Pero se repuso, tenía un bebé que la necesitaba y, para sorpresa suya, su anciana madre se había convertido en la amiga que antaño siempre deseó.

Cuando pudo recuperarse un poco de su dolor empezó a aceptar aquel revés que la vida le había dado.


La primera carta era la despedida de su marido:

“Mi querida Xisela, si lees la presente significará que yo ya no estoy en este mundo de odio que nos tocó vivir. La pena que siento al pensar que os dejaré solas a ti y a la niña que aún no conozco y nunca conoceré, es un sufrimiento que no deseo a ninguno de mis enemigos, ni siquiera a aquel que me dará muerte. Solo me consuela la certeza de que estáis a salvo de esta guerra cruel y sin sentido, saber que eres una mujer fuerte, luchadora y que podrás educar a nuestra hija para que llegue a ser una persona tan extraordinaria como tú, mi amada.

Nunca pierdas la esperanza, yo estaré contigo velando tus sueños y el de nuestra pequeña, porque el amor que os proceso superará a la mismísima muerte y permitirá mi presencia de espíritu más allá de la razón, más allá de la fe.

No llores eternamente por mí, mi amor, tú me hiciste el hombre más feliz de la tierra y por eso no quiero que me guardes luto para siempre. Debes seguir viviendo y si el amor vuelve a llamar a tu puerta no dejes de abrirle, deseo sobre todas las cosas de este mundo que tú y la niña sean felices.

A mi hijita cuéntale quién fue su padre, dile cuanto la quise aún sin haberla conocido. Dile que en los momentos que sufra o esté triste, levante la vista, mire al cielo, a las estrellas: yo estaré con ella dándole la mano y cogiéndola en brazos cuando se vea sin fuerzas para seguir caminando.

Estoy seguro que nuestro amor permanecerá para toda la eternidad y por eso no te diré adiós, te diré hasta luego...

El que te ama más que a su vida, ahora y siempre, Antoine.”

Muchas fueron las lágrimas derramadas en cada una de las lecturas de esta primera carta, pero con el repaso de la segunda su reacción siempre era la misma: perplejidad. No parecía que su marido la hubiera escrito, más bien, lo que se narraba en ella le resultaba familiar, como si ella misma fuera su autora.

Las cartas habían tardado un mes en llegar desde la muerte de Antoine y desde la primera noche, cuando ella había presentido el final de la existencia de su marido, Xisela comenzó a soñar con aquel edificio extraño envuelto en llamas y con una cúpula semidestruida, con la gente corriendo alejándose de él, con las heridas horribles que hacían que se estremeciera al recordarlo,.. y luego estaba lo más insólito: aquella mujer embarazada que se aferraba a su cuello (casi podía sentir su aliento en la cara), implorándole que la salvara, que la alejara de aquel horrible lugar.

-Es tan real- le dijo a su anciana madre.

Su madre permanecía tranquila oyendo el relato de su hija. Sabía que debía dejarla hablar de aquellas cosas, le ayudaría a aliviar el dolor que sentía su corazón.


-¿Y que decía la segunda carta de Antoine?- le preguntó.

-Es una advertencia. Él me describe el mismo sueño que tengo yo cada noche, pero no menciona a la mujer. Sin embargo nombra a alguien que supone será un pariente nuestro, un hijo primogénito, el último varón de nuestra familia y que morirá unos días después de la tragedia. Cree que su sueño se hará realidad y quiere que advierta de alguna forma a ese hombre que morirá dentro de casi 70 años. Utilizó los últimos momentos de su vida para hacerme llegar esta premonición...No entiendo nada.

Su madre había cambiado la expresión de su cara, ahora parecía más tensa.

-¿Has dicho casi 70 años?. ¿Acaso Antoine supo cuando ocurriría su presagio?.

-No solo cuando sino además donde?

Su anciana madre se levantó con un salto impropio para su edad. Comenzó a reir, a bailar de júbilo, a gritar de pura alegría.

Su hija ahora si que estaba totalmente perpleja...

-¿Qué te ocurre madre?. ¿Por qué te has puesto tan contenta?. Tranquilízate o despertaras al bebe.

Pero su madre no la oía.

-Ahora sabemos donde y cuando salvarla, a ella, a la mujer de tus sueños...- la anciana no dejaba de reir, levantó a Xisela y la abrazó con fuerza.

Cuando se tranquilizó cogió del brazo a su hija y la llevó hasta el viejo arcón de su habitación. A Xisela le sorprendió verlo abierto, en su niñez siempre recordó aquel arcón cerrado a cal y canto, su madre le había prohibido incluso jugar cerca de él. Se asomó dentro, estaba lleno de papeles, recortes de periódicos, libros antiguos...Su madre cogió uno de ellos con delicadeza y lo abrió.

-Este es nuestro destino hija mía, aquí está escrito. Desde hace muchas generaciones las mujeres de nuestra familia han tenido sueños recurrentes de sucesos que se producirían en un futuro donde ellas ya no vivirían. En todas esas premoniciones aparecían personas, mujeres, hombres o niños que nos pedían que les salváramos de morir violentamente en algunos de los cientos de actos horribles que ha producido la civilización del hombre. ¿Por qué?. No lo sé. Solo sé que lo que soñamos se hace realidad después de dos o tres generaciones, nuestras antepasadas lo contaron, lo escribieron aquí. Cada ser que salvamos estaba destinado a convertirse en una persona de cualidades extraordinarias, que influye en todos los que les rodean, construyen con sus actos un mundo mejor y sus pensamientos y obras perduran por siempre para hacernos mejores a todos nosotros. Es decisión nuestra salvarlos aunque no les conozcamos nunca, aunque no mejore nuestra vida. Pero hay una pega mi querida Xisela, los sueños solo comienzan cuando muere un ser querido para nosotras, nace del dolor profundo de nuestros corazones. Y nuestra familia paga el precio con su propia extinción, cada vez somos menos. Yo llevo soñando con esa mujer desde que murió tu padre, en mi premonición la reconozco por este collar- Señalando al papel que tenia en sus manos, la anciana le mostró un dibujo que ella misma había hecho:



Su madre continuó:


-Cuando tú te fuiste de casa, tu padre se dio cuenta de lo que le había hecho el alcohol a esta familia. Dejo la bebida y volvió a ser el hombre del que me había enamorado. No pasó un solo día, hija mía, sin que añorara tu regreso, para suplicar tu perdón.

Xisela aún estaba aturdida con tanta información.

-Pero... ¿por qué tuvo Antoine la misma premonición que yo?. Según tú solo podemos hacerlo las mujeres de nuestra familia.

-No lo sé, eso me ha tenido perpleja desde que me leíste la carta. Siempre sospeche que habían más personas como nosotras. Supongo que te casaste con una de ellas. El hecho de que predijera lo mismo que tú solo puede significar una cosa: la mujer del colgante será muy importante para la humanidad y debemos salvarla a toda costa.

-Pero cómo podremos salvar a alguien que vivirá mucho después de que nosotras hayamos muerto.

-Como siempre lo hemos hecho, utilizando el engaño, la naturaleza curiosa del ser humano y confiando que nuestros descendientes decidan hacer lo correcto. Solo basta con que uno rompa la cadena. Hay que tener fe.
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El relato continúa aquí: Premonición (IV)

 
Foto: María Jesús Paradela. http://paradeladecoles.blogspot.com/

viernes, 3 de diciembre de 2010

El coleccionista de sueños (y II)

Si quieres leer la primera parte pincha aquí: "El coleccionista de sueños (I)"

RENACER

Su existencia parecía haberse detenido. Seguía vivo, pero el dolor desbarató todos sus planes, convirtió sus sueños en pesadillas y arraigó en su corazón eliminando cualquier atisbo de esperanza. Se sentía culpable por lo que había hecho, no solo a la Sra. Adela, su madre, sino al resto de personas a las que había arrebatado sus casas y en muchas ocasiones, sus esperanzas. Y todo por defender los intereses del banco, de unos pocos desalmados que, como él, solo les importaba el dinero y el poder.

Jonay dejo el trabajo, se jubiló anticipadamente, su modo de vida se había vuelto vacío y sin sentido. Durante unos meses no consiguió levantar cabeza, se atiborraba a diario de antidepresivos, ansiolíticos, alcohol y a veces de algo más fuerte. Todo para intentar reconciliarse consigo mismo.

La fortuna o el destino quiso que sus pasos se encaminaran un día hasta la casa donde vivió Dña. Adela. Recordó con amargura como ella quería esperarlo en ese lugar, estar allí para cuando él fuera a buscarla.

Lo decidió sin pensarlo, viviría en el que fue el hogar de su madre biológica lo que le quedara de vida. Quizás fuera irracional pero con su mente y su corazón sabía que no quería olvidarla, aunque ello le hiciera sufrir, esa sería su penitencia.

La vivienda era aún propiedad del banco, esos cabrones no habían podido venderla por la crisis; así que la compró.

Aún conservaba los muebles antiguos. En un ropero encontró, escondida en el fondo, una pequeña caja de cartón. Dentro había unas pocas cuartillas escritas del puño y letra de Dña. Adela. Leyó perplejo, sin entender demasiado que tenía entre las manos. Cada cuartilla estaba encabezada por el nombre de una persona y a continuación un pequeño párrafo donde se describía lo que parecía un deseo o un sueño. Había encontrado un tesoro, el tesoro de su madre, una extraña afición: coleccionar los sueños de otras personas.

-Quizás sea buena idea continuar con esta colección-se dijo- al fin y al cabo a mí no me quedan sueños y conocer los ajenos puede ser un pequeño consuelo que me dé algo por lo que seguir viviendo.

Supuso que las personas que figuraban en aquellas cuartillas tenían que ser, necesariamente, vecinos del barrio. Debía tener contacto con ellos, hablar con las personas que conocieron a su madre, descubrir en sus gestos, en su forma de mirar y de hablar, sus anhelos, sus esperanzas, sus sueños. Era bueno en eso, cuando trabajaba en el banco le sirvió para hacer clientes, ofrecerles el dinero para conseguir lo que deseaban, cobrando, eso sí, sus comisiones e intereses. Ahora le serviría para continuar con la afición de su madre.

Arrendó un local en los bajos del edificio y montó una pequeña tienda de comestibles.

-Todo el mundo compra algo de ves en cuando en estos comercios- pensó – y es un buen sitio para conocer a los vecinos.

Jonay había pasado de ser un tiburón de la banca a convertirse en un humilde tendero de barrio. Su vida, sin duda, había dado un giro radical.

VIVIR


Aún recordaba el primer día que vio a Elizabeth, entró en su pequeña tienda a ofrecer sus servicio como asistente de hogar.

-Si sabe de alguien que necesite que le limpien la casa, le haga la comida o incluso para cuidar a una persona mayor- le había dicho a la vez que le entregaba un panfleto donde publicitaba sus servicios.

Jonay miró con detenimiento a la mujer. Por su acento, sus rasgos y su atuendo supo que no era española.

-Usted no es de aquí, ¿verdad?.

-No, soy Indú, pero tengo mis papeles en regla. Necesito trabajar, tengo un niño pequeño que alimentar. Por favor, sabe usted de alguien que pueda necesitar mis servicios. Ayúdeme.

Alguien volvía a pedirle ayuda. Habían pasado casi dos años desde aquel día en que vio a su madre por primera y última vez. Ahora había cambiado. Miró nuevamente a la mujer y con su mejor sonrisa le dijo:

-Mañana la espero en mi casa, está aquí mismo, en el segundo B, a las 10 de la mañana. El sueldo y los detalles los veremos sobre la marcha, ¿vale?.

La mujer unió su mirada a la de Jonay, sorprendida por el ofrecimiento tan repentino. Devolviéndole la sonrisa le dijo:

-¡Muchas gracias!, aquí estaré... Por cierto me llamo Elizabeth.

-Yo soy Jonay Guerra, encantado.

...


Unos meses después sucedió el primer “prodigio”. Regresó a casa tarde y Elizabeth ya se había marchado.

-Que lástima- pensó- siempre es agradable hablar con esa mujer, me cae muy bien.

Se ducho, se preparó la cena y se sentó en su sillón frente al televisor con la caja de cartón a su lado. Cogió medio folio en blanco y escribió el sueño de uno de sus clientes del que había tenido conocimiento ese mismo día. Cuando se disponía a juntarla con las demás descubrió, con asombro, unos trocitos cortados en forma de triángulo e iguales. Los juntó, la cuartilla a la que pertenecía había sido seccionada con dos cortes diagonales en forma de aspa.

-¿Quién a hecho esto y por qué?- se dijo- Solo puede haber sido Elisabeth, pero, ¿que motivo puede tener ella para hacer esto?. Aunque le tenía mucho afecto a su asistenta su enfado fue considerable, aquello merecía una explicación, la cual no dudaría en pedirle al día siguiente.

Aquella era una de las primeras cuartillas, una de las de su madre. La volvió a leer:

Bianca Silva

Mujer de 24 años, brasileña. Obligada a trabajar como prostituta por una mafia de trata de mujeres a la que debe 23.000 €. Tiene una hija pequeña en Brasil a la cual utilizan para coaccionarla y amenazarla si delata a la organización.

Sueño: Poder vivir en España con su hija, libre de la mafia que la esclaviza.

Al día siguiente, Jonay salió a pasear muy temprano. Tomó intencionadamente el camino hacia la calle donde Bianca solía ofrecer sus servicios. No la vio. Entró en un cafetín cercano y pidió un cortadito. No le gustaba el café, su intención era tener una excusa para preguntar por aquella mujer.

-Será mejor que te busques a otra amigo,-le dijo el camarero- a la canariña le pegaron ayer una paliza que casi la matan. Está en el hospital y no saben si saldrá de esta.

Jonay entendió entonces porque Elizabeth había roto la cuartilla de Bianca, su sueño se había quebrado como sus huesos. Entonces supo lo que tenía que hacer. Pasó por la tienda a poner un cartel de “cerrado hasta nuevo aviso”, dejó una nota a Elizabeth indicándole donde iba a estar e instrucciones para que le llevara ropa limpia; y se fue al hospital. Estuvo con Bianca tres días seguidos sin moverse de su lado, tres días que ella pasó en coma debatiéndose entre la vida y la muerte. Al cuarto día, milagrosamente despertó. Jonay ya se había marchado pero dejó una nota en un sobre cerrado y que le pidió a una enfermera que se la entregara.

La nota decía:

Hay personas que merecen cumplir sus sueños, creo que tú eres una de ellas.

Aquí te dejo dinero para el pasaje de avión a Brasil, tráete a tu hija. No te preocupes por tu deuda con esos cabrones, ya está saldada.

Cuando regreses a España ve a hablar con el Sr. Guerra, tiene una tiendita de víveres en la calle Alameda, el te dará trabajo.

Recupérate pronto y no vuelvas a perder tus sueños.

Firmado: El coleccionista de sueños.

Jonay no dijo nada a Elizabeth, ella le había dado las pautas para completar su colección de sueños. A las pocas semanas Bianca había empezado a trabajar con el Sr. Guerra en la tienda y se había instalado con su hija en el piso de Elizabeth. En la caja de cartón la asistenta descubrió el primer sobre dorado, dentro estaban los trocitos de cuartilla que ella había cortado. Por fuera Jonay había escrito:

Bianca Silva
Sueño cumplido

Los trozos de cuartillas y las posteriores cartas doradas se sucedieron en los años siguientes sin que Jonay o Elizabeth dijeran nada de aquel juego que ambos se traían entre manos. Jonay usaba en ocasiones su dinero y en otras sus influencias adquiridas en sus años en la banca (había mucha gente que le debía un favor) para ayudar a los que figuraban en las cuartillas cuando no se veían capaces de realizar sus sueños. El barrio prosperó más rápido y con más fuerza que en otras partes de la ciudad. La gente que vivía en él parecían estar siempre alegres, optimistas. Eran amables, se saludaban al cruzarse por la calle, no había casi delincuencia ni violencia entre sus gentes. Se rumoreaba que en aquel barrio todos los sueños se cumplían pero nadie supo jamás quien era el misterioso “coleccionista de sueños”.

-Hace años que se produce la magia en esa caja, mi querida Elizabeth- dijo Jonay tomando de la mano a su asistenta, a su amiga, a su ...-Pero aún no he descubierto cual es tu sueño, y mira que lo he intentado.

-Jonay, mira que eres tonto. Te lo voy a poner fácil- Elizabeth metió la mano en su bolsillo y sacó una cuartilla. Ruborizada y con la mirada fija en la de él se la entregó.

Jeray la leyó:

Elizabeth Sheila

Mujer de 45 años. Naci en la India en una de las castas más humildes. Hui de mi país con mi bebe, repudiada por el marido octogenario con el que mis padres me obligaron a casarse siendo una niña... Lo demás ya lo sabes.

Sueño: Que tú me ames como yo te amo a ti.

Jonay se puso en pié, alzó a Elizabeth y estrechándola contra su pecho la beso con pasión. Luego cogió un sobre dorado y metió dentro, sin romperla, la cuartilla de la mujer que le había salvado la vida con su amor. En su anverso escribió:

Elizabeth y Jonay
Sueños cumplidos
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Foto: Playa de El Médano. Cabildo Insular de Tenerife.

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