domingo, 27 de junio de 2010

Si yo fuera tú


¿Qué diferencia hay entre hombres y mujeres, niños y ancianos, blancos y negros, ...?.

Sin duda muchas, sería mi primera respuesta y quizás la tuya. Pero...¿es eso cierto?.
La percepción del entorno nos la dan nuestros sentidos: la visión, la audición, el olfato, el gusto y el tacto.


Supongamos que solo podemos ver, todos tenemos solo el sentido de la vista y ninguno más. ¿Cuantas diferencias encontraríamos al compararnos con los demás?. Unos bajos, otros altos, unos gordos, otros delgados, unos guapos, otros feos,...y muchísimas más, pero nada sabríamos, por ejemplo, de su cultura o de su forma de pensar.

Supongamos ahora que todos solo podemos oir. ¿Diferencias?. Quizás menos; separaríamos por el tono de voz, al hombre de la mujer, al niño del anciano, al extranjero del nacional, pero nada sabríamos, por ejemplo, de su color de piel o de sus rasgo físicos.

Suposiciones parecidas podemos realizar con el resto de los sentidos, pero... ¿podemos fiarnos al 100% de nuestras percepciones sensoriales?. Algunos, más seguros de sus sentidos, afirmaran rotundamente; pero yo no estoy tan convencido. Los espejismos, las alucinaciones, las distorsiones sonoras o los efectos de sonido, son algunos de los engaños sensoriales comunes en nuestra vida.

Además la realidad es cambiante, el que es gordo puede adelgazar, el que es feo para unos puede resultar guapo para otros, el que es rosado de piel puede enrojecer con el sol, hasta el hombre puede ser mujer o viceversa.

Si nuestro sentidos no son fiables a la hora de hallar las diferencias que nos separan, ¿podremos utilizar la ciencia para resolver la cuestión?.

El proyecto Genoma Humano, aunque inconcluso, afirma que cada persona comparte el 99,99 por ciento de mismo código genético con el resto de los seres humanos. Es decir, que en solo el 0,01 por ciento de nuestro código genético se encuentran todas las características que nos diferencian.

Nos empeñamos en destacar nuestras diferencias: nuestro sexo, nuestra raza, nuestro color de piel..., ¿no sería más lógico comprender nuestras semejanzas, que son mucho mayores?.

Son muchas las voces que centran su discurso en los otros, recalcando las diferencias con el nosotros: las mujeres son inferiores a los hombres, los emigrantes nos invaden y nos quitan el trabajo, los blancos son la raza hegemónica...¿Son voces interesadas que manipulan la realidad para obtener beneficios?. Destacar las diferencias ha llevado a la humanidad a guerras, a matanzas étnicas, al odio radical y fanático, a la lucha de los géneros.

Los sentidos nos engañan, y sin embargo creemos en ellos por encima de la razón. Las diferencias que encontramos entre nosotros son diminutas, y sin embargo provocan el rechazo, el temor, la desconfianza, la superioridad, el odio,...

Muchas religiones usan la palabra HERMANO para referirse a los demás, quizá esto tengan más sentido del que pensamos.
Si por dicha del destino
un instante yo fuera tú,
y en mi ser tu tino
alumbrara con su luz.

Y si mi cuerpo otra ves
volviera a poseer,
más sabio... ¡tal ves!
podría renacer.

lunes, 14 de junio de 2010

Tiempos pasados

Cuantas veces habré oído a mis padres contar la vida tan dura que pasaron en su niñez y juventud, las penurias y esfuerzos para sacar la familia adelante, vestir a los hijos, darles de comer, trabajando por un sueldo mísero de sol a sol. Y a pesar de todo ello eran felices. Los valores eran sólidos, los desconocidos se saludaban al cruzarse y los conocidos se ayudaban compartiendo lo poco que tenían. Los niños jugaban en la calle sin que los padres se preocuparan por su seguridad, ya que todos los vecinos conocían a los hijos de los demás y velaban por ellos como si fueran propios.


No se si me gustaría haber vivido entonces. La vida parecía más sencilla, pero tambien más dura, y aunque queda mucho por hacer, hemos avanzado en sanidad, educación, igualdad, derechos,...pero en el camino han quedado muchos de los valores que nos hacían mejores personas, más humanos, más sociables.


No me cabe duda que el futuro debe conducirnos a logros importantes, hitos de superación para la humanidad. Pero, tambien creo, que la superación de estos retos no será posible en una sociedad injusta y deshumanizada, que de la espalda a sus semejantes y al entorno.

domingo, 13 de junio de 2010

Prólogo


Desde que tengo uso de razón, me ronda por mi cabeza ideas, sueños, reflexiones; pensamientos que no se de donde salen, ni a donde pueden conducir mis pasos.


Cuando era pequeño, sentía la necesidad de establecer patrones de conducta para intentar que el pequeño mundo que conocía no cambiara. Por ejemplo, si daba un giro a la derecha mientras caminaba o jugaba, tenía que deshacerlo y volver a girar en sentido contrario. Esto que puede parecer a algún profesional de psiquiatría una patología, no creo que lo sea, ya que solo era un vano intento de no influir en el entorno, no cambiar con mi presencia el orden establecido.


Pero el mundo cambia, se mueve, evoluciona o retrocede, no importa lo que hagamos para intentar controlarlo, solo podemos adaptarnos, soñar con un futuro mejor, y por pedir: con ser felices.


Al que pueda leer estas palabras le diré que compartir con otra persona mis pensamientos no es vanagloria, mas bien es necesidad, pues me siento incapaz, sin ayuda, de responder al reto de la utopía.


La real academia de la lengua española define la utopía como: "Plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación". La utopía que yo os planteo es el cambio hacia un mundo mejor, más justo, más humano, más igual, más...lo que queráis. Si hace diez siglos, un visionario le hubiera dicho a un amigo que en el transcurso de su vida se inventaría un artefacto que le permitiría volar, este le habría dicho que estaba loco. Sin embargo, si le hubiera revelado que su descendiente, dentro de 1.000 años, podría volar en ese artefacto, puede que le hubiera contestado: "lo que me cuentas es una utopía, pero quien soy yo para negar tus sueños".

No dejemos de soñar, pues soñando caminarémos hacia la utopía.

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