Participación en el concurso de Paradela de Coles, mes de septiembre.
-Nos aproximamos al sol mi
comandante. Es hora de activar los escudos electromagnéticos.
-De acuerdo piloto, empiece la
cuenta atrás a mi señal... ¡Ahora!.
-Cinco, cuatro, tres, dos, uno...
activado mi comandante. Todo en orden, seguimos adelante.
El Fénix prosiguió su viaje al
centro del sol. Esta era su décima misión, un viaje de un año de ida y vuelta
entre la base lunar y la estrella que mantenía la precaria vida en su hogar;
aunque nadie de la tripulación de aquella nave vivía sobre la superficie; ese
privilegio solo se concedía a la elite más poderosa.
Según el calendario antiguo es el
verano del año 5011 y la raza Agir está buscando un nuevo hogar. El núcleo de
Zem-met, conocida por los extintos humanos como Tierra, se está enfriando rápidamente
y se especula con el tiempo que tardará en parar su rotación si el hierro
líquido empieza a solidificarse.
El Fénix es un submarino estelar,
capaz de llegar al núcleo del sol y cargar el material más valioso en este
momento para su raza: plasma de núcleos pesados. Con él alimentan el calor del
centro del planeta y ganan un poco de tiempo. Pero... ¿hasta cuando podrá
funcionar esta artimaña?. Nadie lo sabe. Los viajes se están haciendo cada vez
más frecuentes...
Zoen había notado el nerviosismo
de la comandante, lo que no dejaba de ser un hecho inusual. Llevaba cinco años
a las órdenes de aquella oficial y jamás se percató de tal desasosiego en su
mirada.
-¡Derive toda la potencia
disponible a los deflectores gravitatorios, quiero un descenso suave y
controlado! – le ordenó al navegante -. Bajen las protecciones de todas las
escotillas y del puente de mando, pasamos a navegación espectral.
Zoen cumplió las órdenes con
presteza. Por experiencia sabía que estaban en la fase más delicada de la
inmersión solar. La temperatura exterior había subido en las últimas semanas
desde los –270 ºC (cerca del cero absoluto) a casi 6.000 ºC de la superficie
del Sol. Pero lo más delicado eran los cambios bruscos de presión y magnetismo
provocados por las manchas solares; de no ser por los escudos, hace tiempo que
el Fénix hubiera quedado destrozado como un avioncito de papel dentro de un
huracán.
-¿Está ya despierto Helios? –
preguntó la comandante al oficial médico.
-Sí señora, hace una hora que
salió del letargo y se esta preparando para ajustarse el traje en cuanto usted
de la orden.
-Bien, que lo haga ya y espere en
la cámara de expulsión mi señal para el último preparativo. Dígale que bajaré
personalmente a desearle buena suerte.
Nadie en la tripulación, a excepción
de la comandante, conocía a Helios. Solo sabían que era un civil que se había
ofrecido voluntario para probar un nuevo traje espacial (aun experimental) que
se suponía era capaz de soportar la brutal presión y temperatura del centro del
sol. Subió a bordo justo antes de partir de la estación. Permaneció en
aislamiento durante el despegue e inmediatamente después fue sometido a
letargo, algo muy extraño para un viaje tan corto. Los pocos que lo habían
visto dijeron que su apariencia era extraña y andrógina. Por supuesto su nombre no era real, se le había
asignado para esta misión.
De repente la nave fue sacudida
violentamente por un fuerte impacto. El ordenador central disparó todas las
alarmas y puso en funcionamiento el protocolo de combate.
-¡Zoen! – gritó la comandante -,
¿qué demonios ha sucedido?.
-Estoy comprobándolo, señora –
titubeó el navegante a la vez que verificaba frenético los datos de su consola
de vuelo -. Sé que parece imposible mi comandante, pero creo que hemos sido
alcanzados por una explosión solar.
-¡Presten todos atención! –
pidió, esforzándose por trasmitir calma con la entonación de su voz –, quiero
un examen de daños de inmediato. Piloto: detenga la inmersión hasta nueva
orden.
Helios refunfuñó al saber que la
comandante había ordenado que se pusiera el traje, esperaba no tener que
hacerlo hasta el último momento. Pero no podía hacer otra cosa más que
obedecer, los que pagaban no eran seres a los que se les pudieran dar
excusas. Sin embargo no era por dinero por lo que estaba arriesgando la vida en
aquella misión. Antes de aceptar, pidió dos condiciones:
-Si tengo que estar un año de mi
vida en esa lata de sardina – dijo a aquellos ejecutivos uniformados – quiero
pasarlo en letargo, no deseo enterarme de nada. Además necesito una conexión
sináptica permanente y sin restricciones a la red de información planetaria.
Aún no se creía que hubieran
accedido a sus peticiones, sobre todo a la conexión sináptica, que era
tremendamente cara a aquella distancia de su planeta. Pero esto último le
permitió, en los ratos más lúcidos de su sustentación vital, entretenerse en su
pasatiempo favorito: la búsqueda de archivos fotográficos en la arcaica red de
comunicación global, conocida también como Internet.
La pasada noche había encontrado fragmentos de una campanilla dorada. – Es
preciosa – pensó mientras rebuscaba más y más para completarla todo lo que
fuera posible. Aquel hobby tenía mucho de arqueología digital. – Estas
bitácoras llamadas blogs son una maravilla, encuentras verdaderos tesoros en
ellos – se dijo observando por última vez la fotografía que estaba sobre su
reproductor, una vez colocado aquel extraño traje espacial.
Aquella
habitación siempre había sido su lugar preferido de la casa, de hecho, diseñó
aquel edificio virtual de estilo Victoriano, exclusivamente para albergar la
sala de la biblioteca. Allí pasaba horas y horas absorto en la lectura de
aquellos maravillosos libros que le había dejado en herencia su abuela. Los
trataba con delicadeza, como si fueran a deshacerse en sus manos con solo pasar
las páginas, algo que hubiera resultado del todo imposible; tiempo atrás tuvo
la precaución de duplicar los archivos y guardar la copia en un lugar
inexpugnable, incluso para “Madre”.
Estaba prohibido leer los textos de los humanos, la pena
por hacerlo era la muerte. Pero Shukiro no podía evitar conectarse cada noche a
la red de realidad virtual. Dentro de la casa estaba seguro, allí no podía ser
observado.
Su celda estaba en el piso 420 de
la torre 2587, en la megalópolis del norte, cerca del ecuador. Era uno de los
cientos de miles privilegiados que aún podían habitar en la superficie, aunque
lo de superficie era un eufemismo: aquellas torres se construían hacia el
centro del planeta y entre más profundo, más calor tenía que soportar. El
resto, cerca de veinte mil millones de sus congéneres, se hacinaban entre las
colonias lunares y el cinturón espacial que orbitaba estacionariamente a 30 kilómetros
sobre su cabeza.
Shukiro, que recién estrenaba la
madurez, jamás había visto la luz del sol. La lluvia, los árboles, el mar o el
viento soplando en su cara, eran cosas que solo podía imaginar sumergido en la
lectura de sus tesoros.
Era experto en informática
neuronal, nanotecnología y andróitica, por ello, a pesar de no ser rico,
“Madre” le permitía vivir allí. Su habitáculo era estándar, de poco más de 10
m², con una cama, una mesa con su silla y un armario, nada de su propiedad; a
los “obrantes” no se les permitían poseer nada, ni siquiera la ropa que
vestían. Los aseos y el comedor eran comunitarios. La eficiencia en su trabajo
le permitían comer medianamente bien, pero si se ponía enfermo o sufría un
accidente que le impidiera trabajar, pasaba a un régimen de subsistencia basada
en una papilla alimenticia que le producían arcadas con solo olerla.
Vivía solo, no había progresado
lo suficiente en sus privilegios sociales para que se le permitiera formar una
familia. Esto era lo que más insoportable le resultaba de su día a día, hacía
dos años que se relacionaba en secreto con una “obrante” como él, un año más
joven y de la que se había enamorado. Jazhina le correspondía, pero por ahora,
su amor era imposible.
*Imagen por odén de aparición:
BIA_057n.jpg Autor: IAC Banco de imágenes del Instituto Astrofísico de Canarias
Campanilla de servicio de mesa. Autora: María Jesús. Blog de Paradela de Coles
Campanilla de servicio de mesa. Autora: María Jesús. Blog de Paradela de Coles
Nebulosa Cabeza de Caballo. Autor: IAC Banco de imágenes del Instituto Astrofísico de Canarias
Biblioteca. Autora: María Jesús. Blog de Paradela de Coles
* El préstamo de este material lo hago sin autorización de su titular. No pretendo dañar ningún derecho reconocido a sus autores y si estos consideran que no deben figurar en este blog, ruego me lo notifiquen a fin de retirarlos a la mayor brevedad posible.
Biblioteca. Autora: María Jesús. Blog de Paradela de Coles
* El préstamo de este material lo hago sin autorización de su titular. No pretendo dañar ningún derecho reconocido a sus autores y si estos consideran que no deben figurar en este blog, ruego me lo notifiquen a fin de retirarlos a la mayor brevedad posible.


Ibso, me ha parecido estar en la nave Enterprise, desde dentro. Un relato de ciencia ficción, futurista y con tintes de distopía. Espero que la humanidad no llegue hasta esos extremos.
ResponderSuprimirLo he pasado muy bien leyendote.
Un abrazo y suerte.
La imaginación al poder, si señor, todo derroche de creatividad. Aunque, como sabes, no sigo tus historias futuristas -en parte porque llegué tarde y, por otro lado, porque ando muy escasa de tiempo- y no conozco como debiera tu mágico mundo, no por ello dejo de apreciar tu original manera de expresarte y concienzudo trabajo; crear un mundo paralelo, con todos sus detalles, no es tarea fácil.
ResponderSuprimirHa sido una experiencia diferente y enriquecedora.
Mucha suerte y un abrazo.
Gracias, Ibso, por tu participación. Tu imaginación desbordada nos lleva a mundos que yo no me atrevo a pensar.
ResponderSuprimir¡¡Chulísimo!! Me encantan los relatos de Ciencia Ficción :)
ResponderSuprimirun abrazo y suerte
Tú inventas un posible mundo futuro y nosotros redescubrimos el que nos toca vivir.
ResponderSuprimirSuerte y un beso.
Excelente como va fluyendo este relato de ciencia ficción.
ResponderSuprimir¡Que pocas veces vemos un futuro prometedor y feliz en este tipo de relatos (20.000 millones de seres humanos, temperaturas absolutaente extremas)!, seguramente es lo que no paramos de buscar. Esperemos que nunca lo encontremos.
Mucha suerte en el concurso.
Un abrazo
¡Cuánta imaginación! Magnífico relato. Saludos y nos vemos en la arena.
ResponderSuprimirUn relato lleno de ficción y humanidad. Me gusta.
ResponderSuprimirMucha suerte y un abrazo
Buen relato.
ResponderSuprimirLo de "informatica neuronal" me impactò.
Un abrazo.
Genial este relato tuyo!!
ResponderSuprimirTe mueves como pez en el agua...me ha gustado mucho tu manera de contar ese mundo futurista.
Suerte!
Un viaje al futuro que no espera? un derroche de imaginación con historia de casi amor. Me gustó Ibso.
ResponderSuprimirUn saludo.
me ha parecido estar viendo una peli de ciencia ficción sentada en un cine, vaya imaginación la tuya, podrías escribir hasta un libro sobre temas futuristas.
ResponderSuprimirTe deseo mucha suerte.
Un abrazo.
ME Ha encantado, es un placer leer relatos de este estilo buenos, no son muy abundantes.
ResponderSuprimirUn beso
iMAGINACIÓN PORTENTOSA, SÍ SEÑOR.
ResponderSuprimirAyer intentaba recordar el nombre de una novela inglesa actual que describia un mundo futuro igual de poco halagador.
Pero nada , que no me acuerdo.
A ver si consigo yo también una comunicación sináptica de ésas.
Felicidades por tu universo de ficción .
Mucha suerte en el concurso .
Hola Ibso.Debo ser la última en comentar, ya sabes que cuando hay confianza da asco. Pero te he de decir que me ha gustado mucho tu historia futurista, tu sabes que no suelo leer cincia fición, pero si toda es como la que tu escribes me voy a apuntar al club.Describes esta historias con tanta naturalidad, que parece que las estás viviendo. Tienes una imaginaición increible.
ResponderSuprimirMe gustaria que tuvieras buena puntuación, entre otras cosas porqué eres único creo que tratar este tema: Repito: Buena suerte!!!
vaya!!!
ResponderSuprimirme siento algo orgullasa de mi misma...jaja por haber tenido cierta audacia(?), al intentar aproximarme a uno de tus temas: la biblioteca de Mª Jesús.
Me ha encantado este relato, sin duda, deberías estar entre los vencedores. Hay de todos lo ingredientes posibles e imaginables: fantasía, ciencia, ingenio, creatividad...
enhorabuena por este modo de escribir.
Es la primera vez que te leo y me ha sorprendido gratamente.
un saludo cordial
ENCARNI: yo también lo espero.
ResponderSuprimirMERCEDESPINTO: “un mundo paralelo”, parece que me leíste el pensamiento.
MARIAJESUSPARADELA: siempre me apasionó crear aunque solo sean imaginaciones.
MARILUZGH: solo por que sigas disfrutando seguiré escribiéndolo.
RATICULINA: la buena ciencia-ficción está fuertemente vinculada a la más cruda actualidad, para bien o para mal.
JOSE VTE. : En este futuro la raza humana ya no existe, pero su huella sigue muy viva.
ARO: Como suelo decir, imaginación me sobra, ahora tengo que aprender a escribir.
EL GAUCHO SANTILLÁN: A mí también, jejeje.
MARIPAZ BRUGOS: será porque me divierto imaginándolo.
SAN: Solo es un fragmento de lo que me ronda por la cabeza.
ANA: Quizás lo haga
40AÑERA: muchas gracias
REYES: Te cambio un poco de mi imaginación por un poco de tu arte para unir letras, ¿hace?.
MONTSERRAT SALA: Gracias a ti por la ayuda, y ya sabes por que lo digo.
ESILLEVIANA: Gracias por esos elogios.
Quiero deciros a todos los que habéis leído esta entrada para el concurso de Paradela, que este es un fragmento de un proyecto más grande que aún anda en estado de borrador. Premonición y otros relatos forman parte de él, y lo creáis o no, están todos relacionados. El título provisional de este proyecto es “El valor de la unidad”. Espero que algún día vea la luz.
Gracias a tod@s por conversar en el camino.
ibso
Manito, llego tarde, pero es que deseaba regodearme en la lectura y hasta ahora he andado de movidas y no me resultaba posible. ¿y qué comentar?: Pues, eso, que "pozzi", que es un placer leer tus historias y todo un disfrute.
ResponderSuprimirLa ciencia ficción es una buena forma de explorar el alma del ser humano, sin duda.
ResponderSuprimir